Escribí un micro-relato por cada día de Diciembre.

 

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Día uno.

¿Has escuchado esa historia, ese mito, de la chica vampiro que viaja al mundo de Harry Potter y todos la quieren empalar, y no con un palo de madera precisamente? 

Yo si.

¿Te suena esa vieja leyenda urbana del concierto de los "No Me Jodas Brother" que se detuvo porque el vocalista principal quedó perdidamente enamorado de una chica del público que estaba leyendo un libro?

Pura, inocente, corazón de oro, y sobretodo virgen.

Que hay de aquella mujer legendaria que detuvo una boda para casarse con el novio porque era la reencarnación de su marido de cómo hace 7 vidas atrás. Yo los conozco a los dos.

Pero sé lo que piensas, que todo esto no puede ser real, que son simples fantasías de periódicos o de Wattpad. Lamento ser quien te ponga los pies en la tierra, con frecuencia los chistes dejan de hacer gracia cuando eres la perdiz que se comen al final del cuento.

Búscame entre los contactos de cualquier persona de recursos humanos. Puede que hayas oído hablar de mí en los periódicos. Yo soy la loca que nunca atraparon, la que rompió el brazo al CEO de una empresa por quitarle el hiyab a una transeúnte para que su novia se sonara la nariz.

Detrás de cada hombre que pierde su empleo porque el corrupto vinculado con la mafia de turno quiere ascender a su novia, esa que tiene depresión porque su abuela fue devorada por tigres el día de su cumpleaños, estoy yo y toda la agencia para tomar cartas en el asunto.

Se que les pones cara a ésas chicas, porque muy seguramente las conoces. Hay una posibilidad, para nada pequeña, de que seas tú y no lo hayas notado. Pero las conoces, vaya que si las conoces.

¿La chica de entre 15 y 20 que se imagina embarazando hombres? Es esa.

¿La chica tímida de buen corazón con una cartera de tu grupo coreano favorito? Seguramente se los ha tirado a todos, pero no la preguntes porque ella "de esas cosas no entiende".

¿La chica problemática que vestía con camisetas de "Mi romance con Chema", sacaba el dedo y cambiaba más de tinte en el pelo que de novio? Tenía razón, no era como las otras chicas, simplemente era una Y/N. Y si, eso de que se lo montó con Loki y un hombre lobo es verdad.

En el curro las llamamos "las guiones bajos para completar". Han sufrido bullying. Han cambiado la personalidad del chico frío. Han estudiado contigo sin que lo supieras. Y han crecido, vaya que si han crecido, y el mundo sigue girando al rededor de ellas. No te preocupes por no saberlo, por no reconocer su sarcasmo pasivo agresivo y a su novio el mafioso con trastornos obsesivos compulsivos.

Saco mi tarjeta que me identifica como una simple chica de oficina. Trabajo de nueve a seis. Cuando mi turno termina, reviso mi teléfono, tenemos un "código frío". Nada importante, papeleo y reclamaciones, han despedido ha una mujer embarazada porque la novia de turno tenía "ansiedad".

Esta se llamará Brianna.

O Skyler.

O como coño se llame esta semana, porque cambian de nombre como de trastorno polifacético. Sus síntomas son los que un niño de primaria te diría si le pides que te explique lo que es un ataque de pánico.

Como te digo. Las guiones bajos para completar no son personas complejas, simplemente tienen mucha suerte, tanta que parece sobrenatural. En muchos casos lo es. Entonces doy la vuelta a la placa con mi nombre y pone: "Y/N Slander", y ahora tengo que pagar abogados, organizar protestas de sindicato, y otros trámites.

Lo cierto es que no hay mucha acción. No puedes luchar con ellas porque son fuertes, independientes, y si no saben karate o usar el arco — cosa rara porque casi todas saben —, su novio de 6 metros y espalda de fisioculturista te hará una cara nueva. No se puede detener a esta gente. No puedes luchar contra la protagonista a la que todo le sale bien. Solo puedes detenerlas con alguna adversidad puntual, como al jambo ese al que le partí el brazo.

No me preocupa. Nunca ha llegado la sangre al río. Muchas terminan yendo a su reino de fantasía y nos dejan tranquilas a mí y al resto de mortales.

Upps. Notificación nueva.

"Código N/Y. No es un simulacro", leo en mi teléfono.

No me jodas. Adjuntan la imagen del cadáver de una Y/N y su novio. A ella le han abierto la parte superior del cráneo y le han extraído quirúrgicamente el cerebro.

No me jodas. Pero si las N/Y eran un mito.


Día dos.

— ¡Voy a salvaros a todos! — gritó Septiembre antes de dar un cabezazo a Seis ceros.

El muchacho rodó sobre su espalda, tenía la nariz sangrando y veía luces. Maldición, luces que no salían de su cuerpo, iba a suceder otra explosión si no hacía algo al respecto, pero... ¿Cómo se suponía que iba a detener un agujero blanco exactamente?

Septiembre se quitó la máscara, mostró unos dientes tan limpios como una enana blanca, y se puso en una mala postura que vagamente se podría llamar guardia callejera. Seis ceros fue más precavido, postura erguida, pie derecho ligeramente adelantado y mirando hacia el oponente. La herida en su cara se regeneró en un nanosegundo como era costumbre, y se preparó para acelerar a parámetros imposibles.

"¿Y ahora que?". Si hubiera podido sudar, una gota fría se hubiera escurrido desde su frente hasta el pico de su mandíbula.

Se movió en cuanto Septiembre chasqueó los dedos, saliendo del rango de un micro agujero negro. Derrapó en un extraño zigzag y saltó evitando una seguidilla de los mismos mientras Septiembre lo apuntaba. Le cayó de lo alto con una patada que Septiembre bloqueó con el antebrazo, anulando la energía cinética del choque como si pudiera alimentarse de ella. Septiembre echó la cabeza hacia atrás antes de que Seis ceros intentara cruzar su rostro con la pierna contraria.

Golpe en el coxis, unos nudillos envueltos en kenoma. Tiempo negativo.

El cuerpo de seis ceros es empujado hacia atrás, derrumbando una casa... ¿Qué hace aquí una casa?

— No importa que todos se hayan ido, yo los voy a traer de vuelta — dijo Septiembre.

Seis ceros se palpó el costado, las pulgadas donde los nudillos habían chocado no se estaban curando. "¿Cómo demonios puede hablar? Aquí no hay sonido", maldijo para sus adentros mientras se apoyaba en una viga que apenas era bioluminiscente.

— Apokatabima, amigo. La compasión que revierte la caída — Septiembre extendió ambos brazos. — Yo los maté a todos, yo sobreviví a todos, realmente se puede seguir bajando, ¿Cuál será el límite cuando el infinito es solo el primer paso?

Seis ceros le lanzó la viga, cortó el aire como un proyectil nuclear, pero Septiembre ya se había apartado antes de eso. Saltó desde alguna parte y su rodilla fue a clavarse en el hígado de Seis ceros. El miembro de la agencia cogeó hacia atrás, tiró varios puños rectos. Sin importar cuánto aceleró, cuando creía que iba a acertar, Septiembre no estaba ahí. Él simplemente evitaba la trayectoria antes de que llegara.

Seis ceros recibió un fuerte puñetazo paralelo a sus dientes, unas cuantas encías fueron borradas. Se agachó fintando un crochet, sabiendo que Septiembre iba a dalearse para evitarlo. Echó todo su cuerpo hacia delante, sus rodillas con la fuerza de dos resortes shalefaticos, y pudo atrapar los muslos de Septiembre. Ejecutó un derribo a la perfección, y lo arrastó lo menos 7 kilómetros en un nanosegundo. Septiembre generó un agujero negro entre los dos e inmediatamente lo hizo chocar con otro, la explosión resultante los separó media yarda.

— ¿Cómo lo has hecho?

— Velocidad pico explosiva — consiguió articular Seis ceros pese al boquete en su torso. — Tus reflejos están estancados en el tiempo plank, solo tengo que moverme más rápido que eso en un rango del que no puedas salir.

— ¡Tonterías! No ganarás, ¡Puedo ver 15 movimientos en el futuro!

— Esto no va a durar 15 movimientos.


Día tres.

— Y todos los días se llevaba el mismo bordillo de la misma calle. Tos los días. Llevaremos cinco años viviendo en la misma calle y aún no se hará con el bordillo, increíble — decía Enrélion mientras se terminaba otro cigarro rubio que mañana fumará de nuevo. — Entre los caballos malos, y la chica y el coche, uno no vivirá tranquilo.

— Jaja, siempre hay alguna sorpresa — dijo Tamiel. — Por eso yo prefiero fabricar mi propia suerte, escribir mi propia historia.

— Si todo dependiera de cómo lo escribieras nunca verías otros puntos de vista — le diré yo dentro de tres minutos apagando el cigarrito en un cenicero.

Entonces tú te quedas con cara de perplejidad cuando te traigo hasta este plano, miraras a los lados y solo yo puedo percibirte. No te asustastes por Tamiel, dice que siempre está aquí, que es el único y está en todos lados, pero él a duras penas sabe de ontología, mucho menos va a saber de pentanarrativa.

Y yo hablaría como el personaje principal mientras el narrador se sienta en una silla y contempla los pilares de plata, escucha al tipo que se llama como el de traje y corbata de Supernatural, que en las imágenes de la wiki porta una espada. Miré al otro como empieza hablando humildemente de sus capas, sus pétalos de flores que en realidad son cosmos viejos de mil colores conceptuales e infinitas dimensiones elevadas al infinito, y bla bla bla. En realidad no querré que te duermas escuchando al chico que viste con una bata que ya estaba anticuada en tiempos de Aristóteles.

A, y como se que te lo preguntaste, no sé si le ganaría en una pelea, pero de un leñazo le dejaría los metarquetipos supraontologicos de los dientes de llavero. Eso es un hecho hyperarcheontos.

Enrélion asiente y sonríe mientras estabiliza su narrabindesis. Echa hacia atrás su cuerpo en la silla de hueso de Tagua. Mira por la ventana y observa a WinWin, dama de la victoria del primer diablo, un nombre intimidante para ser una señorita de metro setenta y cinco fanática del rococó. Ella corre por el jardín hacia una roca a los pies de una montaña donde espera otra mujercita de peinado bonito, camiseta negra y zapatos nuevos. Entonces se abrazan y se revuelcan como si se vieran por primera vez.

"Que buenas amigas", pensaba Enrélion, viendo cómo se ponían cadenas de pétalos en los brazos, de muñeca a muñeca y pasando por el cuello.

Entonces una se desabrocha el corset, y sus bocas se chocan como dos aurigas. Una mete la mano bajo la falda de la otra, y Enrélion mira a Tamiel que sigue hablando sobre el pleroma, la Torre de Babel, o algo así.

— Oye, dos chicas se están dando el lote en tu patio — dice el apostador de potros señalándolas con el dedo.

— No te preocupes, son mis hijas.

Enrélion desconocía en que contexto decir "son mis hijas" arreglaba las cosas, así que siguió mirando con la cara que se le queda a uno cuando un conejo saca un mago del sombrero.

— Son hermanastras — matiza. — Madres y padres distintos.

— A, si — dice Enrélion con su mejor cara de "aquí no está pasando nada". — Eso explica todo... Bueno, me voy que tengo cosas más importantes que hacer.


Día cuatro.

Es fácil reconocer su caminar, siempre parece marchar un ejército cuando ella anda por estos lugares. No mira a nadie y nadie quiere mirarla. Padres tapan los ojos de sus hijos, las mujeres de la cocina se centran más en las masas, y los molineros que siempre buscan pleito y alguien más con quien apostar, se centran en sus juegos de cartas. Verla por aquí es una mala señal, llega con el atardecer y cuando se va, alguien termina muerto. La llaman Crepúsculo "pies de tijera", y solo habla para ordenar algo antes de sentarse.

— No voy a subir más la apuesta — dice el pobre Julián que ya no tiene más cantos en los bolsillos. — Si me puedes ganar muestra lo que tienes, y si no, no marees más los potros y reconoce la derrota.

— Está bien, tú ganas, molino — dice Bástion mostrando las suyas. Tres engranajes y una cadena. Él pierde.

Crepúsculo siempre se sienta en la esquina más alejada, la copa sobre su mesa lleva sidra sin alcohol y el libro que lee habla de nicromantes esotéricos más antiguos que Estellar "El de largas barbas". Cubre su cabeza con una capucha de lana que más parece un fular, y como solo la ven cuando ya está cerca de anochecer, algunos dicen que tiene la piel gris o morada. Yo, que no he tenido ni la suerte ni la desgracia de verla, puedo decir de buena fé que su piel es más bien clara, como la de aquellas tierras del noroeste cristalino, pero no tengo forma de probarlo.

No importa a quien esté buscando, no está ahí, porque si lo estuviera, ya hubiera saltado sobre su cuello y la cuchilla retráctil de su almohadilla metatarsiana abría atravesado la tráquea de lado a lado. Así que es mejor dejarla tranquila. Por eso poco a poco todos se van acordando de tareas que tienen que hacer, y la gente que iba a pasar la noche en esa posada ahora debe irse con urgencia.


Día cinco.

— Es normal, porque son hermanas.

— Y nosotras también.

Un grito dentro del zoo arrancó esa tranquilidad de cuajo.

— Deisy — Molet tragó saliva. — Algo ocurre dentro del Zoo.

La gente no reaccionó como se esperaba. No hubo personas entrando en pánico, ni monstruo de tres cabezas en el acuario de los delfines, pero el aire olía a tragedia. Daisy conocía esa sensación como se conoce a ese famoso que sale en todas las películas del oeste pero nadie sabe su nombre. No había razones para atacar en un lugar con tanta gente, exponerse así solo implicaba que algo les estaba respirando en la nuca, y en cuanto se dieran la vuelta, iba a clavar los colmillos sobre carne blanda.


Día seis.

No he podido dejar de pensar en Krips Douglass. Sé que dije que era mejor olvidarle, pero el alcance de su poder me sigue dejando sin dormir por las noches. ¿Si todo es una película para él, cuál es su rango? ¿Llega solo hasta la luna? ¿Hasta el Sol? ¿Termina en la última estrella que observamos a través de su cámara, o todo el universo observable forma parte de su teatro? ¿Y si el multiverso también le pertenece? 

Porque puede moverse entre posibilidades, pero nada nos dice que esto no sea como ese capítulo de Futurama donde al ver otro universo a Fray le revelan que sólo hay dos: en el que vive y otro donde son vaqueros. 

Desentrañar este tejemaneje podría volvernos locos, y no sé ustedes, pero yo no quiero vivir mi vida en un bucle mientras le digo a la cámara: "Nais, Fokin Nais". 

Y, tal vez, ese ha sido mi problema desde el principio, pensar que yo también era parte del guión de Krips, asumir que mis palabras eran un mensaje que podrían traerlo de vuelta como a los demonios en la Goetica. Pero tal parece no ser el caso, me he centrado tanto en el bosque que no he visto el arroyo negro a mis pies, y ahora entenderán a lo que me refiero. 

¿Quién es Krisp Douglass? Por qué no hacerse una pregunta mejor, ¿Qué significa Krips Douglass? Lo primero que noté fue el apellido, es de origen escocés, viene de las palabras "dubh" y "glas". Se traduce como "arroyo negro" o "río oscuro". Esto encaja perfectamente con su única aparición en cámara en el exorcismo de Josh, una masa negra e informe. En su momento dije que era oscuridad, pero la resolución de la cámara es tan mala que nada descarta que fueran aguas negras en un flujo propio, como si siguiesen su propia ley de la gravedad. 

Krips no tiene una traducción clara, de hecho, no tiene traducción en absoluto, pero "Crips" con C, si. Viene del latín, de la palabra "crispus", que puede traducirse como "crujiente" o "rizado". ¿Os suena cierto chico de gafas con el pelo rizado? Así es, Garon Burch. El nombre de este último viene del germano, es el diminutivo de "Gerhard" cuya traducción es algo así como "preparado para la lanza" (ger = lanza, hard = fuerte/bravo). Su apellido es escocés, y se asemeja al apellido "Birce", que significa Abedul. Todo junto sería "El preparado para la lanza de abedul". 

¿Les parece que estoy hilando sin llegar a ninguna parte? ¿Saben dónde crecen los abedules? Cerca de los arroyos. Siempre han estado cerca el uno del otro, como un títere lo está de su titiritero, aunque no veas los hilos.

¿Sabéis que Douglas es un apellido que frecuentemente se escribe con una sola ese? Bastante curioso que el canal tenga dos. La única otra persona que se me ocurre con dos eses en ese apellido es Frederick Douglass. Nacido como Frederick Augustus Washington Bailey en 1818 (esclavo en Maryland), Douglass escapó en 1838 y, al llegar al Norte, adoptó un nuevo nombre para simbolizar su libertad. Tomó "Douglass" de un personaje noble y guerrero (James Douglas) en el poema épico "La dama del lago" de Sir Walter Scott (1810). Vaya, otro lago.

¿Pasará algo similar con el resto de integrantes? Ya saben, Bailey Bennett, Jacob Jackson, Zach Hurley, Dakota Hurley, Brandon Waddler, Conor Conrou y Tyler Ford. 

Sepan una cosa, el río oscuro cruje si navegas a contra corriente.


Día siete.

— Hija de puta, ¿Cómo es que sigues viva?

— Joder, Leire, suenas igual que yo cada mañana en el espejo — Nara empujó a su compañera de cantos con el culo para sentarse a su lado. — Supongo que vas al festival de Valencia, ¿No?

— Que va, voy a mi casa.

La mujer echó una mirada por el metro, solo ditas metidas en sus asuntos, hablando con quién tenían al lado, y algún que otro hombre perdido que solo tenía ojos para su chapa. Uno miró a Nara y cuando esta le guiñó el ojo, se ajustó el collar sonrojado, mirando al techo como si no hubiera pasado nada.

— En fin, ¿Cuantos han caído esta semana? — pinchó un poco a su compañera con el codo que tuvo que obligarse a reprimir la sonrisa o incentivaría a la recién llegada a seguir.

— Ya no hago esas cosas — Leire subió la cabeza y apuntó con su nariz en dirección contraria.

— Vaya ego de divorciada con la vida, ¿Qué, pasaste la prueba del sillón del casting? 

— Todo lo llevas al sexo — murmuró Leire con rabia. —Estoy feliz mente casada, que lo sepas.

— No jodas, ¿Quién es el desafortunado? — Nara enseñó los dientes. — ¿Algún suicida que encontraste navegando en un café?

Leire poco a poco puso una expresión menos afable, y su mirada se perdió en el saxofón que Nara había dejado a sus pies. — ¿Siempre has tenido un sexto sentido para estas cosas, verdad? Porque... ¿Quién más iba a interesarse por mí?

Las puertas se abrieron al llegar a una terminal. Las personas empezaron a moverse como sueños que buscan descansar en una almohada. Otras subían, caras largas predeterminadas para ocupar un lugar, sombras contrastadas contra ventanas de vidrio lacado.

Nara perdió la mirada un rato y se apoyó en el espaldar de terciopelo duro. — No jodas, lo siento. Seguro que sois muy felices juntos, ya quisiera yo. — dio dos palmadas a la espalda de su compañera a falta de una forma de expresar apego mejor. 

— No, no te culpo — Leire se incorporó con un suspiro. — ¿Te acuerdas de ese lugar donde aprendimos a tocar?

— Lista de obsesiones — le salió a Nara con una risilla.

— Cuando el proyecto que tenía en Barcelona fracasó, yo regresé allí con el rabo entre las piernas, y un día se acercó a mí un pobre hombre cabizbajo. Notaba en el nostalgia de tiempos mejores, como si estuviera buscando un corazón. Traía poco dinero en el bolsillo y quería saber si le alcanzaba para escuchar su canción favorita: 

» "Solo una última vez, por favor" - me dijo.

» Tenía una mirada que...

— Se lo que significa eso — Nara puso una mueca. — Yo también me he mirado al espejo a las 4 de la mañana para saber que estaba haciendo con mi vida. 

— Si... Ejem — Leire se tosió en el puño para aclarar su garganta. — Un divorcio, ya sabes lo duro que es para ellos. Todavía tenía la marca de donde le habían arrancado el collar. Le ofrecí salir para hablar, una cosa llevó a la otra, y eso.

— Ya veo, ¿Tenía ese típico lunar que te invita a ser infiel? 

— Hubiera sido una graciosa coincidencia.

Detuvieron su conversación para escuchar el traqueteo del vagón. Vías de acero inoxidable que permanecían intactas antes de que nacieran y seguirán así cuando ya no estén.

— El amor os vuelve locas — soltó Nara tras pensar un rato. — ¿Has escuchado lo que le pasó a Keiserin?

— Todo el país ha escuchado lo que le pasó a Keiserin. Sigue en busca y captura, pero si hubiera alguna forma de encontrarla, no lo hubiera hecho. 

— Sepe, lo mismo pensé.


Día ocho.

Vuelvo a sacar la carpeta y pongo el archivo en la mesa, lo único que me ilumina es una bombilla del techo a falta de una lamparilla. Se que la respuesta está frente a mis ojos. Empiezo a leer.

MARÍA SILVIA GUTIÉRREZ GARCÍA. Es el nombre que sale al lado de su foto. 

Mujer de metro cincuenta y ocho. 

69 kilos. 

Ojos castaños, igual que el pelo. 

Cara sin pecas. 

Caucásica. 

Dicen de ella que ser ruborizaba con facilidad. 

País Natal: España.

Último lugar donde fue vista: Puerto de La Coruña.

Características principales: manos y antebrazos señalados por quemaduras de cromo debido a su trabajo de curtidora de pieles. No se descarta la posibilidad de que sus manos aún tengan un persistente olor curtiente.

Delito principal: Asesinato premeditado con ensañamiento y mutilación (Art. 139.3 Código Penal español).

Fecha del delito: 21-09-1986.

Víctima: Sara “S.” R. (9 años), desollada viva. Vía datos forenses sabemos que el acto duró dos horas. Amordazó a la víctima y empezó por las piernas en una sala con dos estufas. Se aseguró de que no muriera por hipotermia al extraer la piel.

Otros delitos: maltrato y sacrificio ilegal de animales (más de 40 casos), secuestro de primer grado con premeditación.

Circunstancias: prófuga desde septiembre 1986. Orden internacional 1987/112-M.

Observaciones policiales: “Posible psicopatía primaria con componente sádico-sexual. Obsesión con el desollamiento”.

Peligrosidad: MÁXIMA. No se descarta la posibilidad de que vaya armada.

Interrogué a su familia la semana pasada. El hermano se negó a hablar, muy posiblemente sea cómplice de su escape. La madre lleva muerta diez años, paro cardíaco. Su padre fue más colaborativo, quiere limpiar su nombre, que las atrocidades que hizo su hija no se vinculen a su negocio. Contó que siempre había sido una niña rara, que nunca cuidaba bien a sus mascotas y siempre se escapaban. Actualmente no se descarta la teoría de que las escondiera tras desollarlas vivas. 

De los datos que hemos podido contrastar, lo más resaltable es que empezó matando perros callejeros y terminó secuestrando a una niña gitana de 9 años en las fiestas de San Mateo (septiembre, 1986). Lo planificó demasiado bien, de no ser porque se encontró un zapato, y posteriormente el cuerpo, en una zona cercana a su taller, el caso hubiera sido archivado como un secuestro romaní interno.


Día nueve.

Sariel tomó el gohei de Reimu y lo partió con sus manos como si fuera una ramita. — Jajaja, ¿Qué vas a hacer ahora monja mágica?

Reimu se levantó más rápido de lo que podía y quitó la sonrisa arrogante de Sariel con un golpe seco. Su pie salió con furia hacia la entrepierna del ángel que solo podía mirar al horizonte con ojos de vidrio roto.

— ¡Ouch, justo en los orbes Yin-yang! — dijo Marisa.

— Cortesía de la casa Hudson, quédate con el cambio — dijo Reimu agarrando su cuello y tirando hacia abajo en una perfecta imitación de un R Kao.


Día diez.

La puerta se abre con un chirrido que asusta. Mis ojos ya están buscando cualquier punto que no sea la única atracción de la cámara. Entre paredes acolchadas y manchas de sangre, hay un cuerpo en medio de la habitación. Tiene ojos de niña anime. Una sonrisa que podría confundirse con una mueca. Lleva muerta desde 1973. Puedes matar al soñador, vaya que si puedes, pero no al sueño.

Sus piernas están suspendidas a un metro del suelo. Seis cadenas de titanio atraviesan los brazos en muñecas, codos y hombros. La carne se ha soldado al metal: anillos gruesos de tejido cicatrizado. Tiene pus y osteoporosis para llenar una piscina. Sus pies tienen tanta sangre acumulada por la gravedad que se han hinchado, y la muy perra sigue sonriendo.

— Anatomía vulcana — explica Denis. — No morirá de vieja nunca.

Los brazos llevan décadas y décadas debilitándose, aún así, tienen las venas marcadas en las zonas donde no hay metal o cicatrices. Los hombros cuelgan dislocados hacia adelante, los codos hiperextendidos, y los antebrazos tienen luxaciones muy marcadas.

Ella todavía sonríe.

Ha salvado el mundo.

Recibió el premio nobel de la paz, la orden vulcana de la galantería y la orden tralfamadoriana de la buena hombría.

Murió en 1973 y sigue viva. Que puta locura.

— ¿Tienes el cerebro? — pregunto.

— Si, ¿Tienes el pulso firme para operar?

— Podría robar panderetas.

Seis técnicos especializados quitan las cadenas. La traen a nuestra camilla con su camisón y su placa de identidad. "Teniente en patrulla Mary Sue; 15 años y medio".


Día once.

"Si puede ganar, puede perder", se dijo Hime.

Esquivó una mano que le pasó muy cerca de los dientes. Sus nudillos mordieron el hígado de N-13. Y su oponente respondió enseguida con una devastadora mano izquierda que le cortó la sien superficialmente. Hime abrió un ángulo y se desplazó en diagonal lejos de un posible clinch. Fintó un upper y cuando N-13 quiso evadirlo cambió a un golpe de puño cerrado que martilleó su mandíbula. Salió de la línea a tiempo y el rubio ya no le pudo golpear.

Solo un año en el circuito y ya se estaba disputando el título de bare knucles contra el seis veces campeón indiscutido del peso mosca. "El truco no es pegar, chico, el truco es que duela", le había dicho con su sempiterna sonrisa de "como me encanta estar vivo".

Hime subió la guardia, pero las manos de trece pasaron igual. Eran demasiado finas y rapidas, ganaban inercia como una flecha en campo abierto, y la mandíbula del aspirante no podría seguir aguantando golpes. Hime siguió una combinación de gancho largo al cuerpo y guardia de esgrima para tener distancia. N-13 saltó a su ángulo muerto y su derecha chocó con la herida que ya había abierto. Aunque Hime trastabilló se mantuvo consciente lo suficiente para romper la línea de golpe y evitar que le arrinconara en la esquina. 

"Es un puto tanque", pensó desesperado. Ya no parecía tanto un mito eso de que era inmune al dolor por ser usado como saco de boxeo por sus hermanas.

— Es cierto — dijo el rubio sin perder la sonrisa de la cara. Hime abrió los ojos, le había leído la expresión, como si supiera que estaba pensando.

La mano derecha de N-13 lo tiro al suelo con un recto en el mentón. El referí entró en seguida mientras él se iba a su esquina.

— No te levantes, todavía tienes alguien que te espera en casa — escuchó Hime.

La cuenta ya iba por 7 cuando escupió un diente y volvió a ponerse de pie. Su esquina le estaba diciendo a gritos que se rindiera, no tenía más que demostrar.

— No — le dijo a Yuka con lágrimas en los ojos, brazos luxados y huesos que en cualquier momento iban a partirse. — Estoy cansado de morderme la lengua a medio discurso.


Día doce.

Dormir 8 horas. Despertar a las 10 de la mañana. Empieza con un desayuno nutritivo: avena con frutas, nueces y yogur proteico, para estabilizar energía y evitar recaídas en desórdenes alimenticios.

— Chavales, no tiene sentido que me tapéis los ojos, puedo escuchar la música perfectamente — refunfuñó Rafa. — Digimos que nada de strippers.

— Si, si, nos acordamos perfectamente, ¿Verdad, Ignacio?

— Perfectamente — su amigo retiró la venda de los ojos en un movimiento fluido.

De 12:00 - 14:00 toca entrenamiento. Dedica dos horas a su rutina de calistenia y pole en un gimnasio local. 20 minutos de estiramientos dinámicos para hombros, caderas y espalda, enfocándose en la flexibilidad que le costó desarrollar.

Cuando la vista de Rafa se ajustó, no fueron pocas sus ganas de tirarse al cuello de sus dos amigos. — ¡Me habéis traído a un striptis homosexual! 

— Digiste nada de strippers mujeres — respondió Arturo encogiéndose de hombros.

— Dije nada de strippers a secas — murmuró con los dientes apretados mientras posaba su culo en la mesa que estaba a nombre de su amigo.

— Si, la broma hubiera salido mejor si no fuese una palabra unisex — vaciló Ignacio haciendo un gesto de "más o menos" con la mano.

— Clara me va a matar si se entera — Rafa se llevo dos dedos al puente de la nariz. 

— Que va, si esto fue idea suya... — Arturo lo pensó en frío. — Aunque dicho en alto... ¿Por qué tu futura esposa sabe dónde encontrar un bar de estriptis gay?

— Este como siempre, con lo justo para pasar el día y no la noche — Ignacio sacó una media sonrisa mientras chasqueó los dedos para llamar a un camarero. — Venga hombre, que aquí se come muy bien.

— ¿Tú cómo lo sabes?

De 14:00 a 18:00. Almuerza algo ligero pero sustancioso, como ensalada con pollo grillado y quinoa, seguido de tiempo libre. Lee o escribe en un diario para procesar emociones, pero no puede escribir nada sobre. . .

Mientras Ignacio ignoraba la pregunta, Rafa miró a su alrededor. El local si que era de calidad, techos de falsa madera de álamo con led incorporado, tubos de acero inoxidable, Paredes negras mate con detalles dorados y plantas colgantes. El aroma predominante era cedro y cítricos de difusores, nada de humo. La mayoría de muros estaban decorados con pinturas que solo cobraban forma con las luces ultravioleta del sitio.

La comida no era de ningún restaurante 5 estrellas, pero era un buen servicio de bar. Camareros eficientes, gente haciendo ruido sin llegar al escándalo, y música techno de finales de los dos mil. A Rafa le hubiera gustado disfrutar de unas cuantas bailarinas, pero los hombres eran auténticos profesionales de la calistenia, había uno de cuerpo hercúleo que se sujetaba con dos manos y pataleaba como si subiera una escalera invisible hasta quedar de cabeza sujetándose al tubo solo con las piernas.

De 20:00 a 02:00 trabaja en el club.

Son las 10 de la noche pasadas. Le toca hacer 3 pases largos de 12-14 minutos cada uno (22:15, 00:15 y 01:45 aproximadamente).

— Ahora viene la estrella de la noche, vas a flipar — dijo Ignacio mientras alzaba su quinta Rubia con alegría.

Arturo le clavó una mirada de "estoy empezando a sospechar cosas", y a Rafa no se le cayeron los palos del sombrage porque ya iba con la percepción alterada por el alcohol. — No me jodas, ¿Ese es Lian?

— ¿Quién? — le preguntó Arturo.

7 de julio de 2020, Lian Lucero Castillo abandona su casa en Córdoba a la edad de 18 años tras sufrir algo que no puede explicar, algo que no puede ser narrado... Ni siquiera por mi.


Día trece.

Uborolink: dícese del sistema hyperarcheontos que está cerrado en su propia metanarrativa, comenzando por el final y terminando por el principio, de manera similar a un bucle en un espacio no euclidiano, pero en una estructura metafísica más compleja.


Día catorce.

Estoy enfrente de la puerta de Marlon Singer, un enorme "jódete" de madera podrida de un lote abandonado como todos en este barrio. Aquí huele a tabaco y gasolina, probablemente porque en esta zona se trafica con motores a medio usar y heroína. El frío de noviembre destaza mis huesos a su gusto, y Mick, a mí lado, tiene menos ganas que yo de estar aquí.

Sudadera ancha y pelo corto de cepillo, lleva siendo la misma loca desde que la conozco. Ella me mira de vuelta como si la loca fuera yo. 

Si hubiera una tercera persona aquí le daría la razón a ella.

Tres años atrás, el come-alquitrán de Marlon me prometió 50 pavos por robar un radiocasete de un Chevy en Gratiot, y por supuesto, no me los dio. "Ya te pagaré otro día", la famosa frase de los que nunca pagan. Pero yo era tonta, con 15 años todavía crees que las amistades siempre cumplen sus promesas.

Desde dentro, "Basket Case" de Green Day suena en bucle, la puta guitarra de Billie Joe Armstrong no se calla, y se escucha como un disco rayado, válgame la ironía.

"Y pensar que fue mi primer beso". Levanto la bota y la goma de la suela cruje contra la puerta al dejar todo hecho astillas. 

Mick patea una lata en el pasillo, el sonido rebotando en las paredes llenas de grafitis. — Vamos, hazlo rápido — me dice con su voz de contable. Se nota que ya tiene los 18.

Contengo la respiración todo el tiempo que puedo, aquí huele a un hedor peor que el de un baño atascado porque las cañerías se han vuelto a joder por tercera vez en la semana. Es algo más desagradable. Muerte. Me detengo a 5 pasos de un reproductor de discos rallado y un sillón devorado por ratas y cáncer, extrañamente en mejor estado que el cuerpo que hay sobre él, devorado por cáncer y ratas.

— Mierda... — murmura Mick.

Marlon finalmente ha tocado fondo, en el mismo sofá en el cual escuchaba música y creía que lo ponía en la cima del mundo. Solo entrecierro los ojos. No es el primer cadáver que veo en mi vida, hay muchos de ellos en los periódicos, pero es el primero que podría tocar.

— ¿Cómo es posible que tenga electricidad en este sitio? — Mick saca el disco y la canción termina súbitamente en el estribillo. 

— Tiene la farola de enfrente pinchada — deduzco yo.

Mis botas pisan restos de pizza pegados en el suelo y latas de Monster ya aplastadas. Mick se mete varios disquetes en la chaqueta. Robando a un muerto. Así de bajo hemos caído.

Abro el único armario que hay empotrado a la pared. Solo dos pares de chaquetas y otro pantalón, ni siquiera calzado o ropa interior. Inspecciono los bolsillos y doy con la cartera. 60 dólares en billetes de 10. Robando a un muerto. Así de bajo hemos caído.

—Se acabó el punk — dice Mick esperándome en la puerta —. Vámonos, Hannah. Esto apesta.

—Espera —gruño, y mi voz suena como si alguien más la hubiera robado.

Miro de nuevo a Marlon Singer. El malote que me besó a los 15 detrás del instituto. Lo dejé a los 16, cuando me pidió que robara a mi padre para pagar una de sus deudas. Vi que solo era un saco de mierda con navaja y actitud, pero ahora, observándolo muerto, siento un agujero abrirse en mi pecho. En otra vida, podríamos haber sido algo. No amor. No los protagonistas de una película de Tom Cruise. Quizás Axel Rose y Monique Lewis antes de "Don't Cry". No se que coño estoy pensando.

— Coño Hannah, se me va a morir otro gato esperándote.

— Si, ya voy.

No cerré la puerta al salir.


Día quince.

Mika decide hacer acto de presencia más rápido que el portazo tras ella. Pelo y traje en perfectas condiciones, como si las leyes de la cinética la obedecieran y no al revés.

— Buenos días — saluda llevando la mano hasta lo alto. Un contraste de sentimientos frente a la cara mustia de Ruka. — Se me ha ocurrido que hoy practicaremos solo las katas de karate, a ver si en eso no eres una decepción también.

— Ayer me dejaste sola en el entrenamiento — los puños de la joven se aprietan.

Iris y Carlos compartieron una mirada, una de esas que dicen "acaba de firmar su muerte con sangre". Ahora los 10 metros que los separan de ellas no parecían muy seguros, pero si apreciase en su integridad física no estarían ahí en primer lugar.

— Si — Mika se prepara para proceder a explicar las formas de las catas como si esa acusación no fuese con ella. 

— ¿Cómo qué "Si"? — La mirada de Ruka es de un porte asesino. — Me estoy esforzando practicando deportes de contacto, lo mínimo que pido es que se me informe de posibles cambios en mi horario.

— Ya, voy a dar por hecho que has dormido mal, o algo por el estilo, porque no creo que me estés pidiendo explicaciones.

— No te las pido — Ruka la señaló. — Te las estoy exigiendo. Me menosprecias por no ser buena en algo que no he hecho en mi vida.  — una extraña sensación de confianza se forma con un suspiro suave. — Y es que ya me ubiqué. Sé por qué lo haces, sabes lo alto que puedo volar con todo el potencial de mi corazón, quieres que te tenga miedo para que no te aplaste cuando descubra como controlarlo.

Estupefactados no sería la palabra adecuada para describir las expresiones de Carlos e Iris. Él ha bajado sus gafas como si así escuchará mejor, y ella tenía una sonrisa que ni se creía. — Va a usar su cara de estropajo — comenta Iris complacida con la situación.

Mika solo fija su mirada en la joven de pelo oscuro. La sonrisa no desaparece de su careto. — Yo soy una excelente ciclista, me veo venir ese farol a kilómetros — Cruje sus nudillos contra la palma contraria. La pseudo pose dominante de Ruka se tambalea. — ¿Has terminado de decir tonterías o aún tienes algo guardado antes de ponerte a llorar?

Ruka sube sus brazos. Manos a la altura del mentón mientras susurra un "en guardia, perra".

— Pues da el primer golpe, aquí te espero.

Con un resoplido que delata su actitud de "será lo que tenga que ser", Ruka avanza con mero instinto. Suelta una pegada con la diestra, una linea recta que Mika esquiva sin esfuerzo echando la cabeza hacia atrás. Ruka da un paso con el pie contrario, buscando comer terreno, pero Mika simplemente inclina el torso dejando que el golpe pase, con esa misma inclinación rota su cadera, su puño moviéndose como maza al final de una cadena. La más joven sube la guardia, pero el golpe encaja partiendo la muñeca y resonando en el mentón igual.

Ruka lanza golpes mientras retrocede adolorida, busca cuerpo o cabeza. Ninguno acierta, pero sirve para medir y establecer una mejor postura. Instintivamente busca una larga distancia, eso le pone en desventaja a ella, Mika es 3 centímetros más alta. Que no es mucho, pero es suficiente para que no jueguen en la misma liga, obviando la experiencia y peso de cada una. Mika le saca el aire con un cross preciso al costillar.

Ruka, mente fría, intenta buscar un ángulo muerto, ganchos que intercalan entre los 120 y los 90 grados. Cuando lanza un crochet que llega en una horizontal perfecta, Mika lo bloquea con su codo flexionado. Ruka lo intenta otra vez, y el resultado es el mismo, un codo como escudo y las falanges de sus dedos crujiendo como las hojas en otoño. Finta hacia atrás mientras sacude la mano, por suerte se curan casi en el mismo instante en que se rompen. Pero distraerse pensando en eso causa que no vea como Mika se agacha a la par que avanza, un suim que termina con ella pisando el pie izquierdo de Ruka, fijando un apoyo. Sin tiempo de quejarse, una patada alta une a la perfección su maxilar con la tibia de Mika. Forzándose a no perder el conocimiento, mientras nota como sus huesos se resquebrajan, agarra la pierna de Mika con un solo brazo. Su fuerza es insuficiente cuando su autoproclamada jefa tira hacia abajo librándose del agarre y fracturando la articulación glenohumeral, resultando en un brazo colgando. Ruka sufre cual animal que se muerde su propia pata para librarse de un cepo. Tira de su pie hacia atrás separando talón del resto de su cuerpo. Cojea dos segundos antes de recolocarse su propio brazo con un puñetazo y plantar en el suelo un pie descalzo.

"¿Qué está pasando? Ni siquiera la toco, solo está jugando conmigo", piensa antes de que su espalda choque con algo. "Ni la he oído".

Mika y ella están espalda con espalda, pero la de rosados cabellos es más rápida. Impulsa su codo cual si fuera un pico y lo clava en el riñón izquierdo de Ruka. El golpe es demasiado, cae de rodillas conteniendo las náuseas. No tiene tiempo de asimilar como se llena de sangre cuando Mika aparece delante de ella y le estrella su rodilla en un lateral de la cabeza. El golpe atraviesa limpiamente el craneo y causa una herida en el cerebro que hace que retumbe, mientras el propio cuerpo sale disparado hacia atrás como un muñeco de felpa. Ruka rebota varias veces de costado y da una voltereta que debería haberla roto el cuello. Con todo su cuerpo tumbado y solo apoyándose en un codo, mira hacia delante entre su pelo revuelto por sangre y el polvo. 

Tose dos veces antes de escupir coágulos y ponerse de pie. Una pierna le falla y la brecha en su cabeza va a tardar otros 3 segundos en repararse. El mundo cobra sentido cuando nota un tamborileo en su pecho. Su corazón ha alcanzado un ritmo que nunca había notado, adrenalina pura, 90 latidos por minuto.

- ¡Si, si, si! - grita Ruka emocionada, lágrimas salen de sus ojos..El dolor será efímero, pero la sensación del ritmo incesante en su pecho no va a detenerse. ¿Es miedo? Tal vez, seguramente son solo reacciones orgánicas con una explicación racional. Pero eso no podría importar menos, porque frente a las miradas de confusión de tres personas, tenía una cosa que decir. — ¡Hoy encaro a la muerte más viva que nunca. Soy Sarashina Ruka, y esta es mi nueva historia!


Día dieciséis.

— ¿Ya estás contenta? — Chiza miró al suelo cuando su madre hizo esa pregunta. — Un ataque al corazón a 300 metros de la meta, por poco te rompes una pierna... Que digo, por poco en lugar de verte un médico te estaría mirando un forense.

Chiza apretó las sábanas blancas entre sus dedos. Que impotente se sentía.

— ¿Qué vamos a hacer si es arritmia? — no respondió. — ¿Qué le vas a decir a tu padre?

— Tengo 22 años — palabras escuchimizadas que se derramaron por su boca.

— Ese es el problema, Chiza — dejó caer su madre. — Tienes 22 años y sigues apuntándote a carreras disfrazada de chica caballo.

— ¡Soy más rápida que una pura sangre! ¡Soy un guepararau... — no pudo pronunciar bien cuando sus ojos se llenaron de lagrimones. — No es justo, no es justo. Ellas son tan felices corriendo, y hablando, y me tratan bien — sorbió su nariz. — Solo quiero ser una de ellas, mamá. No soy el animal solitario que queréis que sea en mi trabajo de detective privado, no puedo. Yo quiero correr, necesito sentir la velocidad, cruzar la meta, aunque sea en el último puesto. Mamá, ¿Es mucho pedir?


Día diecisiete.

¿Has oído la paradoja del hombre y el ácido? Yo estoy seguro de que la escuché por ahí, creo que en un vídeo de Tri-Line, dice así.

Imagina un hombre que inventa una máquina para teletransportarse. Para usarla, se coloca en un tubo que tiene una compuerta en los pies y una palanca. Al tirar de la palanca, instantáneamente lleva una copia idéntica a cualquier lugar. Mismo cuerpo, misma mente, mismo propósito. El cuerpo del tubo cae por la compuerta y se disuelve en ácido de inmediato.

Una vez le preguntaron a este científico cuál es su mayor miedo y el respondió: "Abrir los ojos y ver que soy yo quien está en el tuvo". Paradójico, ¿No? Quién se teletransporta es siempre un clon del original, la versión "auténtica" siempre se queda en el tubo. Esto plantea una pregunta, ¿Si te destruyen y reconstruyen átomo a átomo, pensamiento a pensamiento, sigues siendo tú?


Día dieciocho.

Dimensiones negativas: una propuesta especulativa desde la frontera entre matemática avanzada y ontología personal.

Por Ricardo Martínez.

Instituto de Estudios Interdisciplinares, Madrid.

Correo: r.martinez#iei.es

(Artículo de divulgación, no peer-reviewed).


Presentación.

Durante los últimos cuatro años he mantenido largas conversaciones nocturnas con mi amiga Jaru sobre los límites del lenguaje matemático y su posible resonancia con experiencias esotéricas. Lo que sigue no pretende ser una teoría científica, sino una exploración personal de estructuras matemáticas para articular intuiciones que, por su propia naturaleza, escapan a la verificación empírica. El lector queda advertido: nada de lo aquí expuesto es falsable ni pretende serlo. Cada cual es libre de considerarlo poesía, especulación útil, simple divertimento intelectual o palabrerías de otro gurú en proceso tras una pantalla.

1. ¿Son posibles las dimensiones negativas desde un punto de vista matemático?

Si, y de maneras bien distinguidas con uso práctico.

En álgebra homológica y superálgebra ( Baez–Dolan, Kapranov–Voevodsky) se define sin dificultad la dimensión de un superespacio vectorial como un número entero con signo: dim(ΠV) = −dim V. La característica de Euler de complejos acotados también puede ser negativa (χ = −1 es común). Estas dimensiones negativas hacen que fórmulas clásicas (binom iales, potencias exteriores, etc) sigan siendo válidas más allá del rango habitual.

En teoría de homotopía estable (Freudenthal, Adams y Hopkins) los espectros permiten definir esferas Sⁿ para todo entero n, incluidos los negativos. En particular, la (−1)-esfera es canónicamente el conjunto vacío S⁻¹ = ∅, y la (−2)-esfera es contractible pero no trivial. Estas construcciones son esenciales para la tabla periódica de grupos de homotopía de esferas y aparecen en teoría de categorías superiores.

En ∞-categorías (Lurie, Rezk) las n-categorías están definidas para todo n ∈ ℤ. Una (−1)-categoría es un grupoide, una (−2)-categoría es equivalente a una proposición verdadera, y así sucesivamente. El “pensamiento negativo” del nLab ha explorado sistemáticamente estas extensiones.

En resumen: la matemática contemporánea no solo tolera, sino que requiere en ciertos contextos objetos de dimensión negativa, siempre usadas como conceptos y supuestos, pero nunca como lugares materiales o inmateriales reales a los que se pueda acceder.


2. Las “dimensiones superiores” esotéricas y su relación (o falta de ella) con la física.

En el esoterismo New Age las "dimensiones superiores", “ascensión a la quinta dimensión”, “cuerpos de luz 7D”, etc, no guardan relación directa con las diez, once o doce dimensiones de la teoría de cuerdas, la teoría M o la teoría F. En física teórica las dimensiones extra son espaciales compactificadas de tamaño microscópico y obedecen ecuaciones precisas; en el discurso esotérico actual son lugares de un plano superior incomprensible que ve las capas de debajo como ficción, o que es tan inenarrable que cualquier integración con la misma borraría tu existencia.

Sobra decir que esto no tiene ningún respaldo comprobado, solo el testimonio de personas que, en el mejor de los casos tienen mucha fé y, en el peor de los casos, son estafadores y sectarios.

Dicho de otro modo: la “5D” de un influencer de Instagram y la quinta dimensión de Kaluza–Klein son homónimos sin conexión conceptual demostrable.


3. Propuesta: las dimensiones “inferiores” o negativas como mapa contemplativo.

Tomando de referencia un punto intermedio de ambas corrientes, una dimensión negativa en mi línea de pensamiento sería una capa inferior de la realidad, algo a lo cual solo se puede llegar relegandote a una "no existencia".

— Dimensión −1D (Kenoma): el Vacío absoluto, topológicamente el conjunto vacío, experiencialmente la disolución total del yo sin resto.  

— Dimensión −2D (Apokatabima): la negación de la negación, donde la ausencia se reconoce idéntica a la plenitud; plano de la compasión sin objeto.  

— Dimensión −3D y más allá (Shalepha): región paradójica donde los opuestos colapsan en identidad sin diferencia; “fuego frío” o “llama de nieve”.

Por supuesto, estos conceptos son simplificaciones para que puedan ser entendidos, de ser real lo que propongo ni siquiera podría existir un concepto que lo explicara detalladamente sin caer en paradojas. Pero que hacer, ¿No? El ser humano tiene la increíble capacidad de crear palabras para todo aquello que no se puede explicar con palabras.


Día diecinueve.

— Tú... Siempre fuiste duro conmigo — dijo Aya sin perder el ceño fruncido.

— Quería hacerte fuerte, yo aprendí a base de golpes. Ahora sé que no fue una buena idea, menos aún menospreciar tu valor por la enfermedad crónica que no elegiste tener — confesó su hermano. — Pero... Mi propósito al traerte a este mundo no era hacerte daño, tu habilidad, "paz en vosotros", fue mi mayor gesto de amor hacia ti. 

— Tuve miedo cuando reencarné — recordó salir del huevo como una polluela. Ver a su madre ave ser asesinada por un gato. Tener que luchar por su vida con solo segundos en el nuevo mundo, pero lograrlo gracias a tener una habilidad pasiva que le permitía transmitir paz a los hostiles y ejecutar el primer movimiento. — ¿Por qué hermano? Si realmente me querías, ¿Por qué lanzarme desde aquel balcón?

— La muerte es la única forma en la que puedo transferir almas a este mundo.

— ¿Pero por qué así? Por la espalda, como el más cobarde de los actos — no había lágrimas en ella, ya lloró mucho cuando todos sus amigos murieron intentando detener al demiurgo.

— Si te hubiera dicho que te iba a matar para traerte a un mundo de fantasía, ¿Te lo hubieras creído? Y cómo debía matarte, ¿Mirándote a los ojos? — su hermano dejó un chip Dex en su cuello, volviendo así a tomar la forma de elegante aristócrata que su hermana conocía. — Todos lloraron tu muerte, Aya. Madre gastó mucho dinero en tu entierro, más de el que gastó tratando de encontrar la cura para tus males en su día. Yo no podía dejarte sufriendo en una cama hasta tu último aliento cuando conocía una solución más sencilla. 

Su hermano se acercó dos pasos. — ¿Me consideras un enemigo?

Aya lo pensó mirando al suelo. — No... Creo que yo hubiera hecho lo mismo en tu lugar. 

— ¡Oh, hermana, abrázame! — los brazos de él cubrieron su cuerpo por completo. Esa forma humana lograda con hechicería que había dejado atrás su forma de pájaro blanco. — ¡Gracias!

Aya correspondió el abrazo. Algo de paz no estaba mal. Había matado a los cachalotes narrativos, perdido seis de ocho reinos, e incontables amigos que, esperaba, ahora descansaran en un lugar mejor. Reconciliarse con el hermano que le tiraba sopa caliente a sus piernas inertes para ver si sentía algo, podría ser el primer paso para sanar las heridas del pasado.

"Chip".

Aya sintió la repentina fuerza de la gravedad cuando su hermano le tocó el cuello. — ¿Qué? — el pié de él pateó sus costillas y la puso bocarriba mientras sentía dolores indescriptibles.

— Cielos, si que bajas la guardia rápido — dijo su hermano. — Confías mucho en tus defensas automáticas, pero siempre se te olvida que son habilidades instantáneas, no pasivas. Es un tecnicismo que pulí a conciencia antes de traerte aquí.

No podía mover sus brazos, pero lo sabía, sabía que su hermano le había puesto un chip Dex en el cuello. Solo podía mirar paralizada hacia el techo mientras su enfermedad la masticaba las entrañas hasta dejarla igual que antes del incidente del balcón. 

— Hermano... ¿Por qué? — dijo con lágrimas en los ojos.

— Poesía, intuyo. "Aquel que conoce a la muerte aprecia más la vida" — hizo una pose de Jamlet antes de dirigirse a las pantallas. — ¿Quién sería tan estúpido de enfrentar a un malvado arquitecto del universo por la paz de 8 naciones si no era mi hermana la que todavía cree en los unicornios? Y en dos meses solo... Impresionante.

— Eso no... — notó sus pulmones encharcarse, no podía mantener sus ojos abiertos. 

— Dinero y poder, Aya. Todo lo hago por dinero y poder. Mamá se gastó un cuarto de la herencia en criarte y dos cuartos en tu funeral, si sumamos las deudas que padre va a dejarnos, voy a estar sin un duro — miró sus pantallas, los dos únicos reinos que quedaban en pie. — Pero tú y tus estúpidas alianzas, habéis logrado que las defensas estén muy bajas, ¿Cuantos dragones crees que pueden abatir antes de que los diezme?

Aya no escuchó esa parte... Solo podía recordar la profecía tallada en madera. "Todos eran felices, y un 23 acabó el mundo". El demiurgo no iba a ser la gran amenaza que lo destruyera.

Jeremías 17:5.


Día veinte.

— No voy a dormir aquí — dijo Leonor mientras se cubría el gesto con su abanico.

— ¿Por qué no? — preguntó soldado 96 mientras hacía una cama con hojas limpias.

— Está sucio, y no es seguro. Tenemos que ponernos en marcha hasta llegar al castillo. 

— ¿Sabes lo que no es seguro, princesa? — el soldado 96 la miró con su rostro descubierto y cara de estar arto. — Yo se lo digo, caminar de noche por un bosque que desconocemos exponiéndonos a depredadores y el terreno mientras nos buscan seis de las mercenarias más poderosas de la historia conocida.

Leonor entrecerró los ojos mostrando rabia. — Esa es tu opinión — refunfuñó por lo bajini.


Día veintiuno.

Se encendieron los motores, se puso su chupa de cuero y miró a ese horror más allá de lo que puede ser narrado.

— Ja, no lo pillo — salió a mil por hora. — Háblame en braille que voy to ciego.


Día veintidós.

Tacones sobre madera pulida y flores marchitas. Pétalos arrancados por toda la habitación, pero esparcidos, no los diferenciarías mucho de motas de polvo debido a la oscuridad de ese cuarto sin ventana.

— Estoy aquí, ¿No me mostrarás tu cara? — preguntó Diana.

Las sábanas se enredaron más a la forma de capullo en la que él se había metido.

— ¿No estarás enfermo? — palpó la colcha con gesto delicado, pero seguía sin respuesta. — No te preocupes, soy doctora y enfermera.

Las sábanas se abrieron lo suficiente para mostrar la boca. — Solo quédate conmigo.

La apertura reveló unas manos tibias, y con ojo analítico, Diana determinó que su novio no tenía ningún síntoma de enfermedad.

— ¿Por qué no has bajado a cenar? Es preocupante.

— ¿Estás realmente preocupada por mi? ¿No estas tratando de tranquilizarme como un hábito?

La sonrisa de Diana tembló un momentito. — Si no me preocupara por ti, no vendría a verte, Quechor.

— Aquel día no viniste — su rostro seguía atrapado, y sus palabras se confundían con una sensación a caballo entre rencor y miedo. 

Como era de esperar, Diana no estaba equivocada. — Había desaparecido una de mis amigas de la infancia, fue una cosa muy dura. — Creía saber por qué su novio temblaba. Lo había descubierto. No podía ser, otro cabo suelto.

— Todos se unieron en la búsqueda menos tú... Tú te quedaste en casa llorando, y cuando regresé, habías hecho cupcakes para intentar no pensar en ello.

Diana ya tenía el bisturí en la mano cuando su novio le dijo que había dado el aviso a los guardias. 

Por eso la puerta del sótano abría mal esta tarde.


Día veintitrés.

Era un escenario normal. Café, tres de azúcar, sin leche, y con una tostada de atún y tomate.

— No había bebido tanto, soy de aguantar mucho — giró la cuchara en la taza. — ¿Y tú?

Alhambra no contestó, su mirada seguía pendiente de pensamientos pasados.

— Nena, responde.

Ella salió de sus interferencias mentales y miró a su compañera. — Perdón, no estaba...

— Ya, lo de siempre.

Hizo una mueca. Sabía lo ridículo que era esto, sabía que era su culpa, y peor aún, sabía que no hubiera podido hacer nada por más preparada que hubiera estado.

— Lo siento mucho, solo ha pasado 1 mes y todavía — miró al camarero de medio metro que llevaba mal el moño. — Dime otra vez de lo que hablabas.

— La fiesta que tuvimos después de ver "Criminal de Petaceta". Pero vamos, que me quedé muñeca y poco más.

— Me gustó esa película — susurró otro camarero que pasó rápido.

El ambiente se hizo pesado cuando Victoriana fulminó con la mirada al pobre chico, que bajo la cabeza y siguió de largo, perdiéndose entre mesas de metal y la barra.

— A ese hay que dejarle de sello, ¿Qué modales son esos?

Alambra sorbió el café, negro como su estado de ánimo. — ¿Si fueras un coche, que marca serías? 

— Sería una bicicleta — respondió Victoriana. — Es que yo de marcas de coche no entiendo.


Día veinticuatro.

— No puedo, ¿Vale? Me supera.

— Pues más te vale decírselo ahora, chico, porque la tumba no va a escucharte.


Día veinticinco.

— Bueno, si no es un pato, está cerca del agua — Candela fue tajante 

— Ya empiezas con tus teorías de la conspiración — Bardea resopló. — Inexorable es alta, clase guerra y buena con los puños. No busques tres aletas al delfín.

— ¡Que ha vencido a una funcionaria! Eso es más raro que un navío verde.

Bardea negó resoplando, esto solo tenía un significado, su mente estaba en una tangente relacionada a los negocios.

— Oye, ¿Por qué el morro largo?

— ¿Qué por qué? Estoy que arrastro el ancla por el suelo con todo este tema de la licorería. Este gobierno es una mentira, déspotas inmortales que nos venden la libertad pero que se niegan a apostar por cualquier proyecto que no esté bajo su mando — Bardea se sintió arrastrada por los mil demonios mientras despotricaba en la habitación. — Imagínatelo, un pequeño establecimiento, un cubículo seguro cerca del puerto para marineras con ganas de refrescarse pero sin ganas de explorar la ciudad. ¡Cumplo todas las distancias que marca el Código Urbano, ellas deberían rogarme a mí para hacer realidad mi idea!

» Llevo tres gigantes dando vueltas por las oficinas del Instituto Nacional de Control de Corrientes Alcohólicas y na. Me piden:

- El registro en la Cámara de las Mareas Fiscales.

- La patente municipal de expendio.

- La inspección sanitaria de la madera...

¡De la madera! ¿Es que le va a dar salmorejo a las tablas? Ya es suerte que no me pidan una firma en cursiva de nuestra Existema, pero para financiar esto tendría que estar trabajando hasta los treinta y cinco.


Día veintiséis. 

La tenía contra la esquina del octógono. Recuerdo pensar lo mucho que la debió haber dolido escupir ese diente y lo poco que parecía importarle cuando volvió a sonreír. Entonces lo supe, a nadie le patina el coco tanto como a mí hermana, pero ya quisiera yo ser la mitad de valiente que ella.


Día veintisiete. 

— Adelante, hazte un abrigo.

Crepúsculo le pasó un cuchillo, pero se resbaló entre los dedos de Radian. Habían llegado tarde, solo 10 segundos después de escuchar el disparo, pero no fue suficiente. De Artris no quedaba ni un quinto de la cabeza. Irreconocible. No la podrían identificar ni por los dientes.

Las palabras de hace quince días permanecían en la cabeza de la joyista como una caja de resonancia constante. 

— Si alguna de vosotras se muere me voy a hacer un abrigo con su piel — expresó Radian mientras se frotaba las manos junto al fuego. — Nada personal, lo juro, pero es que la piel humana protege muy bien con las puntadas correctas.

— Si dejáis que la loca se acerque a mi cuerpo sin vida, volveré desde el más allá a patearos el culo — respondió Artris.

Radian se mordió el labio y subió los ojos mirándola. — Qué propuesta más indecente, cariño.

Todas se rieron con esa ocurrencia, Yakelin la que más porque estaba borracha. Ahora, sobria como una lápida, había tomado su pala y había empezado a cavar.

— ¿Estás esperando a que se desoye sola? — insistió Marispa.

Radian solo enseñó medios semblante. — No tengo frío.

Se acercó a Yakelin mientras esta se quitaba el sudor de la frente con el brazo y extendió la mano. La granjera del sur le dio la herramienta. — Cuidado, marquesita, no te claves una astilla.

Fue una noche larga, pero dieron santa sepultura a Artris como mejor supieron, aunque conocían con certeza de sobra que su estancia en la otra vida no sería un lugar de nubes y castillos en el aire.


Día veintiocho.

El mensaje era directo.

"Que hay".

"Mátala".

Levanté la mirada lo más disimuladamente que pude, mirando a la chica por encima de mis gafas. Sería joven, entre 15 y 16. Pelo largo muy oscuro, con mechas moradas en cascada. Antes de que sus pupilas me apuntaran bajé la vista a la pantalla.

"Mata a la chica que está enfrente de ti".

El ambar de la tarde nos empañaba a todos en el tren y ella era un foco negro vestida solo con un corsete que ensalzaba sus enormes pechos. Una minifalda tan fina que no tapaba nada. Chapas con el 6 6 6 y símbolos de anarquismo. Recuerdo pensar que parecía una mosca en una sopa.

"Mátala ahora".

Cuando subí la mirada me miró y pude verme reflejada en sus colmillos.

— Parece que hubieras visto un vampiro — dijo antes de matarme.


Día veintinueve.

Pues si, yo me imagino a old Billy feliz.

Infantil, tal vez.

Optimista, como el que más.

Camus, nunca fui gallina de su trigo, pero alguien que influyó tanto en el mundo no puede ser un cualquiera.

¿Creéis que sonrió antes de morir? ¿Creéis que vio el árbol mientras iba hacia él a toda velocidad y le pareció absurdo lo fácil que se podría haber evitado?


Día treinta.

Apretó el gatillo y se rió, y no dejó de reírse, porque esa pistola no tenía balas.


Día treinta y uno.

Aaajg, joder.

Me froto la nuca y miro a mi alrededor. Veo las letras encima; "Día treinta y uno". Joder, me han mandado al capítulo final de otra historia de una ostia.

Me enderezo y me quito el polvo de la gabardina y los pantalones. 3:06 de la tarde. Supongo que se acabó. Hegel estaba equivocado, la noche en la que todas las vacas son negras está llegando, y mucho me temo que ya no hay nada que pueda hacer.

Yo y mis mocasines baratos caminamos hacia la cafetería de siempre. Me encantan esos lugares, hacen que me sienta como un protagonista de cine negro americano. Que mal día para dejar de fumar.

— Oh, Enrélion — dice Jocasta cuando me ve entrar con la campanilla de la puerta. — Ya pensé que hoy no vendrías.

Está sentada en la mesa cuadrada con una pata atornillada al suelo y tabla de plástico duro con calcomanías de Coca-Cola. Hoy se ha peinado y se ha puesto una pinza en el pelo, no me preguntes cómo, pero resalta su sonrisa. Es una chica de mala sonrisa, pero para mí es perfecta.

No hay nadie más en el lugar, no permita Soliloicidad arruinar este final feliz con un tumulto.

— Buenas — me acerco y retiro la silla. Me encanta esta fluidez natural y dulce, como miel en los labios. — ¿Vas a pedir al...

No puedo terminar la pregunta, menuda estupidez, estamos solos en cinco multiversos a la redonda.

— Pues eso iba a hacer mientras te esperaba, pero parece que nuestra cita a solas va a ser a solas de verdad.

No lo sabe, aún no se ha narrado así que su percepción... Ajg, ¿A quien coño le importa la metafísica a estas alturas?

Tomo sus manos mientras ella se sorprende. Están cálidas y las mías parecen escarcha. Supongo que no quedan más de seis o siete párrafos. Miro sus ojos de coñac, esos ojos a los que he lanzado indirectas con miedo por si las entendía.

— Te quiero — le digo a su cara de signo de exclamación. — De verdad, no sabes cuánto te quiero. He pasado toda mi vida con una suerte de uno contra noventa y nueve para sentir la adrenalina, pero no necesito eso cuando estoy contigo.

» Me siento estúpido, como si escribiera una carta de amor a las 10 de la noche a un personaje ficticio porque expresar mis sentimientos me aterra, pero te amo, te amo con cada maldita migaja de mi cuerpo de apostador fracasado.

» Me duele no ser capaz de decírtelo a la cara, saber que esto no será más que una despedida cursi como tantas otras, que la única persona que sabe como acaba esto jamás escribirá nuestra historia porque haré todo lo que pueda para impedirlo, porque el miedo al compromiso me da más miedo que cualquier amenaza ontológica, trascendente y no se que pollas más.

Me empiezan a escurrir lágrimas por los ojos y ya no te veo en el siguiente párrafo. Supongo que acaba así, como un cobarde lamentándose en el último minuto e insatisfecho como cada noche a solas con la pared y mis pensamientos. Sabina lo dijo mejor; "¿Cómo haré que al final los cuentos que yo cuento acaban tan mal? Los cuentos que yo cuento acaban fatal".


***

Frases que se me ocurrieron y no usé: 

Ezequiel 13:18 

"Si tú no te dejas golpear yo no miraré tu sangre".

 Los fantasmas no gritan en este barrio.

"Escupiría un diente por ti".

"Si quieres puedes retirarte, y si no también".

"Se reconocer una herida porque estoy lleno de cicatrices".

"A este le pagan por pensar y debe dinero". 

"Así que no me importa lo que digas, porque no viviré para verlo, pero sé que al final de esta historia los buenos terminan ganando".

"¿Cuantos cadáveres más puedes cargar en tu espalda, Dalia? Esa gente seguirá muriendo hagas lo que hagas, confórmate con estar en tu casa, ayudando a los tuyos como has hecho siempre".

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