Fakemedia: el crossover entre Komi-san y Watamote.

 

Fuente.

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"Escribo, por tanto, sobre cosas que ni vi, ni traté, ni supe por otros, y, además, sobre cosas que ni existen en absoluto ni pueden en modo alguno existir".

-- Luciano de Samosata. .

Qué bonito era 2016, ¿Verdad? Pues no mucho si me lo preguntan, pero para muchos fanáticos de las comedias ligeras lo fue, porque empezó a publicarse el manga de Komi-san.

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Como se hizo muy popular, también tubo mucha gente que la odió, y en ese sector destacó especialmente el fandom del anime Watamote. ¿Porqué? Porque según ellos Tomoko era la versión realista de Komi-san y por eso la odiaban. Estereotipo que incrementó más cuando salió el anime de Komi y Bocchi, y podían sentirse intelectuales hablando de ansiedad social y aislamiento.

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Dejando de lado que la mitad del fandom de Watamote no entiende que Tomoko existe solo como una versión exagerada para reírse de sus actitudes y nunca pretendió ser realista, sino ser solo una comedia verde, hay otra sección más sana del fandom que SI se interesó en una comparativa sana de Tomoko y Komi-san, destacando especialmente la dinámica en la cual las dos cambiaban de roles.


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Y yo, que siempre voy detrás del error, me encontré en fanfic punto net una historia que precisamente trataba de eso en el apartado de croosover.


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Contaba solo con 4 capítulos, dos de ellos eran los prólogos, y lo traduje porque me pareció interesante. Desafortunadamente es todo lo que tengo y actualmente la obra está borrada. Así que el resto del video simplemente la narración de estos capítulos. Qué lo disfruten.


***

Prólogo primero.

"Nuevo lugar, nueva yo", pensó Tomoko al bajarse del camión de mudanzas.

El plan de mudarse por razones laborales relacionadas con su padre había llegado en un momento perfecto, como una pieza de rompecabezas encajando en su vida caótica. Ahora que la situación económica familiar había dado un giro favorable, el dinero alcanzaba no solo para estabilizarse, sino para permitirse lujos como enviarla a una escuela privada, un lugar que en su mente resonaba con promesas de estatus y oportunidades que nunca había tenido antes.

Había explorado la nueva casa de cabo a rabo. Su habitación era un acogedor recinto de 7 metros cuadrados. La ventana al frente dejaba entrar una luz suave que se filtraba a través de cortinas amarillas de tela ligera, tiñendo las paredes de color café claro con un brillo cálido; tres armarios (uno empotrado con puertas de bisagras bien cuidadas y sin chirridos), una amplia cama y un escritorio de líneas simples le daban al lugar un encanto práctico que la hacía sentir, por primera vez en mucho tiempo, en control. El lugar tenía su encanto, la habitación de una estudiante de primera, posiblemente muy engreída y popular.

Tomoko, curiosa por naturaleza, miró bajo la cama; ni una sola mota de polvo que le hiciera cosquillas, más si encontró un extraño libro: Comunicación para tontos, rezaba el título con letras en cursiva. Lo arrojó con desinterés, un golpe seco en la moqueta; no necesitaba ese tipo de señales del destino ni manuales de autoayuda que le dijeran como vivir su vida. "¿Libros? Ja, ¿quién los necesita teniendo tecnología?", pensó, dejando su mente atada a la seguridad de las pantallas y los píxeles, donde frotaba el cuerpo de un chico recién duchado.

***

De un lustro al otro ya era finales de marzo, el último día antes de que la Preparatoria Itan comenzase. Entrada la noche, Tomoko miraba encorvada su ordenador, el zumbido del ventilador interno llenando el silencio mientras la pantalla proyectaba un resplandor azulado sobre su rostro. "Definición de Mojō" aparecía en la pantalla. Cambió de pose, reclinada en la silla con las piernas abiertas y los brazos colgando en una postura desgarbada, parecía una marioneta con los hilos cortados, apenas sostenida por el respaldo chirriante.

"Una chica que no es popular entre los hombres y es ignorada", leyó mentalmente. "Ja, yo soy súper popular entre los chicos". Indagó en sus recuerdos: prácticamente lo era. Una vez le dijo la hora a uno, estuvo a punto de recoger un borrador del suelo para ayudar a otro, y cómo olvidar a Endo-kun, el chico olvidadizo que siempre le preguntaba el horario. Los tenía a todos clavados por ella.

Miró su nuevo uniforme escolar, colgando en una percha del armario, perfectamente planchado cortesía de su madre; era una chaqueta marinera azul oscuro con solapas blancas, una corbata roja tipo lazo, una falda plisada granate con rayas moradas en vertical que llegaba casi a la rodilla e iba a juego con todo el conjunto, y calcetines largos de color negro muy respetables. 

"Jeje, sí, esto hay que celebrarlo", pensó, una chispa de emoción recorriéndole el cuerpo mientras sus dedos tamborileaban en el escritorio. 

Se pasó otras tres horas despierta, inmersa en juegos otome en su consola portátil. Finalmente, con los ojos pesados y un bostezo que le estiró la mandíbula, se desplomó en la cama y se durmió, soñando con material no ap-to para menores de 18, una línea moral que Tomoko había pisoteado hace mucho tiempo.


Prólogo segundo.

"Un nuevo comienzo", pensó Komi-san con un suspiro que se escapó de sus labios como un hilo de vapor, mientras sus manos temblaban ligeramente al ajustar las sábanas de su nueva cama.

Era el último día de las vacaciones de marzo en su nueva casa, más modesta que la de toda su vida, todo olía a experiencias del pasado y detergente, su madre había fregado muy bien ese suelo que tenía manchas de refrescos caídos y bolsas saladas. Solo debían estar allí dos años; no era mucho, o al menos no lo parecía. Sin embargo, no entendía por qué estaba dando vueltas nerviosa por su habitación, como si de un momento a otro le fueran a crecer orejas de gato por puro estrés.

"Un instituto público, un lugar donde nadie me conoce. No hay mejor oportunidad que esta para hacer cien amigos", pensó mezclando esperanza y entusiasmo, antes de temblar de preocupación. "Pero si hago cien amigos y luego me vuelvo a mudar, ¿no habrá sido todo en vano?". Un eco cruel, imaginaba rostros de personas que aún no conocía desapareciendo en un parpadeo.

Se dejó caer de espaldas sobre la cama, una cama nueva y más pequeña que la de siempre. Era extraño, su madre le había dicho que esa cama también había pertenecido a una chica de su edad, pero Komi-san casi tocaba el borde con la punta de los pies. O la chica anterior era diminuta, o ella era demasiado alta.

A Komi-san se le abrieron los ojos de solo imaginarlo. ¿Y si era demasiado grande? ¿La gente se reiría de ella por eso, como si fuera un poste de luz en medio de la clase; o peor, volvería a alejar a todos por su apariencia? No, eso no lo quería.

Su habitación de tres tatamis parecía empequeñecerse por segundos. Esas paredes lilas la engullían, y no tenía sus libros para protegerse, solo dos muebles, un armario ropero y un escritorio, ya ni la luz de la ventana central con las cortinas naranjas corridas le parecía que le diera seguridad y confianza.

Komi-san quería gritarle a quien fuera que no soportaba tanta claustrofobia, solo tenía su expresión caricaturesca de ojos enormes mirando al techo. Sin teléfono ni ordenador para distraer su mente, la sensación de agobio la empujó a levantarse con un movimiento brusco, el tatami crujiendo bajo sus pies descalzos, y caminó hacia la habitación de su hermano.

Abrió la puerta. Shousuke Komi estaba mirando algo sobre deportes en su computadora. Él sí tenía una estantería en su cuarto, donde guardaba un par de mangas que a Komi-san le interesaban. Shousuke asumió que venía por eso, pero ella se quedó en el umbral, observándolo con ojos grandes y curiosos hasta que él giró la cabeza hacia ella.

Qué fácil lo tenía: un chico de pocas palabras y soluciones eficientes, alguien que no hablaba si no era necesario. Komi-san no supo qué decirle. Permaneció allí, inmóvil, hasta que él resopló.

- ¿Nerviosa por mañana? - preguntó con total sosiego, como si hubiera contado exactamente cuantas palabras iba a decir antes de hablar.

Komi-san asintió, un movimiento pequeño que meció todo su cabello de atrás adelante.

- Todo irá bien - dijo él, antes de volver a sus asuntos.

Komi-san pensó que podría tener razón. Asintió agradecida y sacó fuerzas para lo que vendría mañana. El resto del día lo pasó ayudando a su madre en tareas del hogar y organizando su material para su primera clase.

***

Ya eran las diez de la noche, iba a irse a dormir, una hora prudente para una estudiante modelo como ella. Komi-san miró su uniforme, la esperaba colgando en una percha puesta en el manillar de la puerta; era una chaqueta marinera vainilla oscuro con solapas blancas que olían a almidón fresco, una corbata añil corta, una falda plisada a juego y calcetines negros hasta los tobillos. Se sonrojó al ver la falda; era larga, hasta las rodillas, pero recordó el modelo de minifalda que había visto en las promociones, tan "mini" que una ráfaga de viento en las escaleras habría sido un espectáculo visible por todos.

"Será un gran día", se convenció antes de irse a dormir. "Y haré muchos amigos. No hay que tenerle miedo a la gente. No es como que la tercera persona que conozca me vaya a secuestrar a mí o a algún ser querido. Si das un paso adelante, el camino se abrirá". Su voz interior sonaba más firme de lo que se sentía.

Apagó la luz con un clic suave del interruptor, y la habitación se hundió en una oscuridad reconfortante, solo interrumpida por el leve resplandor de la luna colándose por las cortinas. Se durmió con la respiración acompasada, soñando con el rostro amable de una pequeña princesa que le ofrecía su amistad y la del resto de criaturas fantásticas de su castillo.


Capítulo 1: ya que no soy popular, no tengo que hacer amigos el primer día.

Día soleado, típico de primavera, todavía había pétalos de cerezos meciéndose en el viento. Tomoko caminaba con la mochila bien aferrada y caminaba medio encorvada. Había decidido traer solo sus libros y cuadernos, pero también tomó consigo una pequeña revista de actualidad por si se aburría.

Ver el exterior de la institución ya era un gran choque con todo lo que conocía, la gente allí era rarísima; que si una chica con chaqueta bomber de tonos terrosos, que si un tipo que parecía un ninja, y una chica bronceada tan maquillada como un payaso en una fiesta infantil. Tomoko prefirió desviar la mirada y no fijarse en su pelo amarillo que parecía la decoración de una tarta. En general, viejos amigos se reencontraban, nuevos se presentaban, y el mar de estudiantes con atuendo de marinero fluía hacia sus respectivas clases.

Tomoko entró a los casilleros donde se cambiaría de zapatos pensando, "no pasa nada si hoy no hablo con nadie, es solo el primer día". Había más gente rondando por ahí, poniéndose los zapatos correspondientes y ajustando sus calcetines. 

Subió la cabeza, sus ojeras marcadas haciendo de contrapeso, cosechadas por pasarse las primeras horas de la noche jugando. Su taquilla estaba una cabeza por encima de ella, llegaba bien estirando la mano, pero era molesto tener que ponerse de puntillas para hacer esto, su falda corta podía dejar todo al descubierto desde el ángulo adecuado, así que con su mano contraria se la bajaba lo más disimuladamente que podía, algo nerviosa por si la miraban.

"Ay por favor, tengo que relajarme", se maldijo ella, centrando su equilibrio en ponerse de puntillas. "No es como que un chico guapo de cejas depiladas vaya a arrodillarse ante mí para saludarme el primer día".

- Oh, ¿Tu locker de zapatos está aquí también? Debemos estar en la misma clase - dijo una voz a la izquierda de Tomoko, que causó que se girase rápido con una mano en el pecho.

A sus pies, de rodillas, recién cerrando su taquilla, estaba un chico de cejas bien depiladas, complexión promedio y grandes ojos cerrados que se plasmaban en una cara de marcadas esquinas con una sonrisa de compañerismo. Tomoko sintió que se le salía el corazón del pecho, era tan clavado a lo que ella imaginaba que pensó que podría estar alucinando.

El chico se puso de pie, se irguió en su metro setenta de altura y le extendió una mano en un movimiento suave, su flequillo en punta moviéndose delicado al compás de un remolinillo en forma de flor que tenía en el lado izquierdo de la cabeza. - Soy Hitohito Tadano, mis amigos me llaman "Jin-jin", encantado de conocerte.

- Eeee - fue lo único que le salió a Tomoko de primeras junto a un desliz hacia atrás, cual si hubiese esquivado en un juego de lucha. - Bue... Bue... Buenos días.

Tadano cambió gradualmente su sonrisa a una mueca incómoda, cuando supo que Tomoko no le daría la mano solo bajó a cerrar su casillero, no quería resultarle incómodo a nadie. - Nos vemos en clase - se despidió, aunque mentalmente estaba preocupado por si había dicho algo malo.

Tomoko estaba a solo tres latidos de un paro cardíaco. "¿Quién era ese? ¿Por qué tenía tanta confianza?", pensó a regañadientes cerrando el casillero. "Malditos normis amables, ni nos conocemos y ya me anda dando hasta su nombre de pila".

***

Tomoko se dirigió a su salón, hacia el primer sitio libre que encontró, ignorando tanto a sus compañeros como la ignoraban a ella. No tenía tiempo para la gritona de las gafas, la sonrisa falsa con chaqueta marrón sin bolsillos, ni el ninja detrás de ella que preparaba su compás como si fuera a lanzarlo cual kunai asesino. Solo retiró la silla y se sentó justo al lado del chico de las cejas depiladas del casillero. .

¿E?

Tomoko parpadeó, el cuerpo tensándose al reconocerlo, justo a su lado estaba el tipo de cejas depiladas. Pareció notar cómo el chico de antes (Tadano, había dicho que se llamaba), parecía mirar hacia el frente con una postura rígida, los labios apretados y las manos entrelazadas sobre el pupitre, forzándose visiblemente a no prestarle atención. Tomoko, por su parte, hacía exactamente lo mismo, manteniendo la cabeza gacha y el cabello cayéndole como una cortina sobre la cara, aunque lo observaba por la periferia de su vista, entrecerrando los ojos con desconfianza.

"No puede ser, ¿Me está siguiendo? ¿Acosada desde el primer día? ¡Yabai! Este tipo será un gran lastre".

***

La profesora entró, señora que rondaba los cuarenta con moño y gafas de culo de baso. Pidió que los alumnos se presentaran uno a uno.

"Vaya pintas", pensó Tomoko de ella. "Tiene que estar a paso y medio de la jubila... Aaaa". Su pensamiento se cortó al escuchar el bullicio de las presentaciones, frunciendo el ceño con fastidio.

- Mi-mi mi nombre es Aaaagari, ¡Encantada de conocerlos! - gritó una chica de pelo verde y gafas rojas, levantándose de un salto con tanta energía que su silla chirrió contra el suelo.

- Wajaja, Agari-San, eres muy ruidosa - le dijo la chica de la chaqueta marrón tras ella, sacando a relucir hasta las muelas.

Tomoko pensaba en eso mientras la profesora decía, "siguiente, siguiente", y más alumnos se iban presentando.

"Parecen todos NPCs de un moe escolar", pensó Tomoko con una sonrisa nerviosa que le temblaba en los labios, mirando el percal mientras se hundía más en su silla, las piernas cruzándose bajo el pupitre, y la espalda encorvada para clavar el mentón en los puños.

- Siguiente - la profesora dio dos golpes en el escritorio con los puños y solo así Tomoko se dio por aludida mirando a través de sus gafas. - Si- gui - en -te - le deletreó, articulando cada sílaba con una lentitud exasperada, el pie golpeando el suelo en un ritmo impaciente.

"O mierda, soy yo", pensó Tomoko. Todo el nerviosismo se volvió a apoderar de ella, atrapando muñecas y tobillos con cadenas invisibles. Simplemente no pudo articular palabra.

La profesora le frunció el ceño, y prefirió ignorarla antes que iniciar un conflicto el primer día de clases. Su vista pasó a Tadano, que había estado mirando a Tomoko con lástima. - Siguiente.

Tadano se puso de pie, sonrisa de circunstancias y mano rascándose la nuca. - Mi nombre es Tadano Hitohito, encantado de conocerlos. Solo soy alguien normal, aunque me han dicho que se me da bien leer el ambiente.

Cuando abrió los ojos y usó esa lectura de la que presumía, notó que todos le estaban ignorando, todos menos la chica a su lado de pelo en greñas y mandíbula tan apretada que los dientes crujían. Tomoko estaba que echaba espuma por la boca.

"¿Quién se cree que es este idiota genérico? ¿Qué clase de presentación es esa? "Leer el ambiente", vas a leer mi puño en tu cara maldito intento de protagonista amigable", pensó Tomoko entre otras cosas menos amables, tan recta como un clavo y tan mortal como un gato callejero.

Tadano solo apoyó toda su barbilla en su mano y empezó a mirar al techo. "Ta-ta-ta", canturreaba.

***

Terminó la clase, la profesora dio instrucciones; "de pie, saluden, todos al gimnasio para la clase de educación física".

"Educación física, ¿Eh? Eso es pan comido", pensó Tomoko. "No soy muy buena en los deportes, pero estoy en forma. Les demostraré a estos idiotas de que pasta estoy hecha".

***

Se cambiaron de uniforme, ahora llevaba un chándal blanco de bordados rojos con calcetines blancos y deportivas a juego. Hasta la profesora vestía así, lo cual a Tomoko se le hizo patético, una universidad tan sofisticada y la misma profesora para dos asignaturas totalmente distintas.

Ese día iba a hacer voleibol, tenía que realizarse por parejas, y Tomoko estaba estática con el balón entre las manos mirando al personal. Sus ojos descartaron a la chica gritona de gafas, también a la castaña con sonrisa de emogi asesino, y desde luego no iba a estar con la chica de pelo rosa eufórica que estaba compitiendo sola (iba perdiendo).

Encontró entonces a un ¿Chico? Lo parecía aunque llevaba falda, varias personas querían hacer equipo con él, y este se giraba con algo de vanidad negando a todos hasta que sus globos oculares conectaron con la línea de visión de Tomoko. Entonces ella captó en él una mueca de repudio, y de inmediato hizo equipo con uno de los chicos que le hablaban.

"¿E? ¿Pero quién se ha creído el medio hombre ese?" Apretaba el balón entré sus manos como si fuese a hacerlo estallar.

- Ams, disculpa - una voz masculina llamó su atención y no tuvo que girarse para saber quién era. - He visto que ya tienes balón y todavía no tienes compañero, ¿Quieres ponerte en un equipo conmigo?

Tomoko giró la cabeza temblando y con la boca abierta, como si le estuvieran apuntando con un arma a quemarropa. Sus ojos nerviosos se movían en 20 direcciones a la vez. No podía ser él, no podía ser el acosador normi quien le diera ayuda, tenía que hayar a alguien más. Lo único que encontró fue la fulminante mirada de la profesora, la traía entre ceja y ceja por estar 5 minutos quieta sin hacer otra cosa que no fuese mirar a su alrededor.

- Yo, a, a, si - expresó finalmente la muchacha, cada palabra sacada a la fuerza.

- Perfecto - respondió Tadano con una amplia sonrisa. - dame tu mejor pase.

El chico se alejo dos metros y medio, Tomoko levantó el balón con furia. "¿Mi mejor pase? Te vas a enterar". Lanzó la pelota dos palmos sobre su cabeza y preparó su palma, esperó a que la inercia de la gravedad hiciera su trabajo. "¿Quién te has creído? ¿El típico héroe de capa y escudo que salva a la chica en problemas, la desvirga y vive con ella feliz para siempre? Eres un don nadie mediocre y te voy a mandar directo a tu casa en camilla".

Tomoko apretó los dientes con rabia, toda su mano desplegada en una bolea de fuerza imperante que salió horriblemente mal.

¡Crack!

Los dedos de Tomoko golpearon el balón con demasiada fuerza demasiado pronto, el golpe salió hacia atrás, le dobló los dedos a Tomoko y la golpeó con fuerza en la frente. Tadano hizo sus ojos redondos, y fue corriendo a ver a su compañera inconsciente.

***

Tomoko volvió a retomar conciencia en una camilla de la sala de enfermería, todavía sentía su cabeza dando vueltas. "Maldición, ese golpe no debería haber sido contra mí", se dijo.

Miró a su derecha, una cama vacía, miró a su izquierda, otra cama vacía. La luz mañanera todavía entraba por la ventana, aún no tenía que ser medio día, pero faltaba poco. 

Una enfermera entró en la sala, por supuesto, el NPC de Tadano la seguía, ¿Es que ese acosador con complejo de protagonista no iba a dejarla tranquila?

- Señorita Kuroki - empezó a decir la enfermera, libreta de anotaciones en mano. - No tiene nada grave ni nada roto, ha sido todo más un susto que un problema - pasó las hojas y luego se encogió de hombros. - Aún así, mejor sería que no forzara mucho la cabeza. Ya puede irse si quiere, aunque si prefiere descansar también puede hacerlo aquí.

Tomoko no dijo palabra, solo asintió, viendo su cara, si parecía necesitar otra horita de descanso.

- Si quieres puedes quedarte aquí, yo te pasaré la tarea de las clases que quedan - sugirió Tadano, una sonrisa en su rostro. - O te las puedo llevar a tu casa, como gustes.

Tomoko apretó las sábanas de puro coraje, y miró a Tadano, como si de un momento a otro fuese a saltar sobre su cuello. - Ya estoy bien. - Dijo con más ego que vergüenza.

Tomoko retiró las sábanas en un movimiento, y se puso los zapatos que tenía en el otro lado, ajustándolos con dos toquecitos de talón en el suelo, le costó, pero negó todo intento de ayuda. Se encaminó a la puerta mirando al suelo, una despedida patética para un día patético.

- Espera, Kuroki-san - Tadano extendió una mano. ¿Qué se venía ahora? ¿Una declaración de amor? Eso sí que no. 

Tomoko abrió y cerró la puerta de inmediato, echando a correr hacia la primera escalera que encontró, sus ojos desorbitados por pura rabia, con la suerte de que no había nadie en los pasillos porque era la hora del recreo. Tadano la siguió más preocupado por ella que por él. Tomoko bajó rápido el primer tramo, su cabeza pensando en como esto se parecía demasiado a una escena de persecución típica de un juego de citas.

Tadano giró, su mano extendida a punto de atrapar a Tomoko de la muñeca, para su mala fortuna, ella no se había engañado a si misma, si era verdaderamente rápida, y el peso de Tadano le jugó encontra de su equilibrio al estirarse hacia delante.

Tomoko ya estaba doblando la intersección del primer plano cuando Tadano cayó rodando hasta dar de frente contra la pared.

- ¿Queee? - Tomoko se llevó una mano al pecho. - O-o-oye, ¿Estás vivo?

Tadano abrió un ojo, vaya golpe bueno se había llevado, afortunadamente recayó en la espalda y pecho, y su forma promedio le salvó distribuyendo el daño. - Si, eso creo - se recostó en la pared y se rascó detrás del cuello. - ¿Estás bien tú?

- ¿Qué clase de pregunta es esa? Por poco me haces responsable de homicidio involuntario - Tomoko explotó hacia delante, dientes apretados y cejas muy fruncidas. - ¿Por qué me estás acosando? ¿Qué quieres, una virgen tímida y facilona que cumpla tus fantasías? - gritó, las manos congelándose en el aire al darse cuenta de lo que había dicho, el rojo subiéndole hasta las orejas.

Tadano dejó que el silencio llenase el espacio entre ellos mientras Tomoko poco a poco se sonrojaba por haber expresado sus pensamientos en voz alta.

- Ku-kuroki-san, solo tengo 15 años - Tadano parecía un tomate maduro, pero no sé dejó amedrentar. - No era eso lo que quería decirte - retomó postura y se puso de pie para mirar a la chica. - Kuroki-san, ¿Por qué te molesta mi ayuda? ¿Qué estoy haciendo que te moleste?

Tomoko tomó aire.

- Pues, e, no ves, todo - sus manos gesticulaban jeroglíficos cual mago en un JRPG. - tu complejo de salvador, tu amabilidad desmedida, la simpleza de tus actos, ¡Simplemente eres demasiado bueno!, ¿Qué ocultas?

Tadano tenía los ojos como dos vasijas, la pupila dilatada mientras analizaba palabra a palabra. Sus piernas casi temblaban mientras una media sonrisa se le formaba. - ¿Solo era eso?

- ¿Te parece poco? - contrapreguntó ella, girándose de nuevo hacia él con un movimiento brusco.

- No, es más, creo que entiendo que te moleste - Tadano se llevó una mano al pecho y espiró. - Kuroki-san, no hice nada con intención de molestarte, pero estabas sola, y al principio pensé que querías estarlo, pero en educación física te vi aprtar el balón con rabia, buscando a alguien de lejos pero sin el valor de acercarte, pensé que te vendría bien que te ayudara - explicó, rascándose la nuca de nuevo con una mano mientras la otra señalaba sobre su hombro vagamente hacia el gimnasio.

- Si, claro - Tomoko se cruzó de brazos y giró su cara para que su pelo tapase unos mofletes que empezaban a tener pigmentos rojos. - ¿Y porque me esperabas ahora? ¿Querías hablarme del clima y de los cerezos en flor?

Tadano frotó con delicadeza su pecho herido, pensando como si fuese a hacer declaraciones cruciales en una pizarra. - Tal vez, o solo te hubiera preguntado si eres nueva por aquí y cuales son tus pasatiempos, quizás te hubiera dejado sola si eso era lo que querías, pero no me iba a morir por intentarlo —. se sentó en un escalón y miró la pared a la que hace diez segundos le había dado un beso a altas velocidades. - O eso era lo que pensaba, jaja.

Tomoko también miró el azulejo, se había quebrado muy superficialmente. Tadano solo esperaba una respuesta, y por muy normie y perdedor que fuera, se merecía una.

- No venía con planes de hacer amigos el primer día - confesó Tomoko dando un puntapié desinteresado al suelo. - Solo quería ver cómo sería esto, leer un poco y tal vez, hacer un fichaje de posibles intereses para futuras amistades, pero nada más - las últimas palabras salieron sin fuerza, un suspiro agotado por dar explicaciones que no quería.

- ¿Eso era todo?

- Si - Tomoko se encogió de hombros. - Eso iba a ser hoy.

Lo que no dijo es que eso también iba a ser mañana, y al día siguiente, y al siguiente. Posiblemente podrían pasar dos meses y ese seguiría siendo su plan. Su vista se fijó en el suelo.

- Aún estás a tiempo de hacerlo - le dijo Tadano.

- Yo, ems... Si, creo que eso haré - Tomoko empezó a bajar las escaleras, dos peldaños y giró la cabeza. - E, creo que, gracias por querer ser mi pareja en voleibol.

- No hay de qué - Tadano le sonrió.

Tomoko se detuvo tres escalones después y miró hacia arriba. - Así que... ¿Vas a comer solo o me quieres acompañar? - preguntó, la voz saliéndole más aguda de lo que pretendía, un dedo señalándolo con un movimiento rápido mientras tragaba saliva.

Tadano sacó una carcajada, no le hizo mucha gracia a sus costillas dolidas, pero no le impidió ponerse en pie con la barandilla como apoyo. - Claro, sería un placer.

- Pero nada de ofrecerme comida en la boca, ¿Eh? - le increpó Tomoko señalándolo. - ¡Conoce tu lugar!

- Que si, que si - Tadano se rascó tras la nuca sonrojado. Que manera más rara de hacer amigos era esta, pero algo le decía, que esto quedaría en sus recuerdos como un evento normal.

***

Ya en su casa, Tomoko, pasó saludando rápido a su madre, ignorando a su hermano y tirandose sobre el colchón rebotando dos veces. Tomó su teléfono entre sus manos, tenía que escribir a alguien y buscó con rapidez en sus contactos, allí estaba: "Nasure Yuu".

"Yuu era una amiga de la escuela media, con apariencia promedio y clasificaciones promedio, como está en otro instituto, hace más de cuatro meses que no sé de ella", puso una sonrisa para reforzar su ego. "Seguro que no ha cambiado nada, yo en cambio tenía a un chico rogándome desde el primer día, jajaja, se va a morir de la envidia cuando lo sepa".

Tomoko se imaginó a si misma en un pedestal rodeada de un haren masculino que le besaba los pies, Yuu suplicando desde aún más abajo del escalón.

- Oh, hola Mocochi, que alegría me da que me llames - dijo la voz al otro lado de la línea.

Su tono era dulce, como un expreso de avellana en las mañanas. Pero Tomoko estaba demasiado ocupada en su fantasía de empoderamiento.

- Hola Yuu. Quería saludarte para saber cómo te había ido el primer día de clase y demás, a mí me ha pasado algo increíble - Tomoko estaba casi babeando por la emoción.

- ¿En serio? Me alegro mucho, a mí no me ha ocurrido nada, solo presentaciones y esas cosas - relató Yuu con un tono sosegado. - ¿Qué te ha pasado a ti?

- Pues si, si, ¿Te puedes creer que hoy un pervertido me acorraló en las escaleras para pedirme matrimonio? - Tomoko rió con euforia. - Que estúpido, le grité en medio del pasillo, en frente de todos para que supiera quién manda, casi lo mato tirándole por las escaleras.

Medias verdades y medias mentiras.

- O, que situación más incómoda, ¿Estás bien después de pasar por eso, Mocochi? - concluyó Yuu.

- Si, si, puse a ese intento de protagonista en su lugar.

- Bien hecho, es increíble que haya gente así hasta en instituciones privadas. Si mi novio me hiciera eso, créeme que no se lo perdonaría.

Tomoko quedó fría cuál cuerpo perdido en el Himalaya. Todo su ser parecía hecho a escala de grises, desde los zapatos hasta las puntas abiertas del pelo. - Tu-tu-tu, ¿Tienes novio?

- Si, desde hace dos meses, pero él no me conquistó...

Tomoko no escuchó el resto, su cabeza empezó a pitar como una pantalla en interferencias. Solo volvió a la realidad cuando Yuu empezó a llamarla.

- Una historia interesante, un placer hablar contigo - le dijo. - Ya te contaré como me va.

Tomoko dejó caer el teléfono sobre el colchón con un movimiento lento, los brazos extendiéndose a los lados mientras se pasaba mirando al techo hasta la hora de la cena. "Es mentira, no puede ser que ya tenga novio", era lo único que se repetía, mordiéndose el labio inferior hasta que le dolió. Vaya manera más pésima de terminar el primer día de instituto.


Capítulo 2: esta historia empieza en primavera.

Komi-san fue sola a su primer día de clases, ella quiso ir sola, todo lo necesario dentro de su maletín escolar que se mecía con suavidad delante de sus piernas. El cuero oscuro, oscilaba con un ritmo constante, rozándole las rodillas mientras ajustaba las correas con dedos firmes; las paredes eran claras como el yeso recién pintado, y muchísimos tenían ventanales abiertos en los pasillos, era una institución a la cual no le faltaba ni iluminación ni vida. La gente iba llegando como es costumbre, jóvenes de uniforme, chaquetas amarillas y peinados varios. Parecían tener muy claro a qué grupo social pertenecían, las chicas más atractivas se juntaban entre ellas como un grupo de animadoras, los amigos del colegio se chocaban los cinco y hablaban de sus vacaciones, y las pocas almas solitarias preferían ir a clase o entablar conversación con gente en su misma condición.

Komi-san caminó con delicadeza por el patio de tierra decorado con algunos pétalos de los cerezos vigías, venían impulsados desde la periferia de los muros con la brisa fresca de abril. Caminaba hacia los casilleros de zapatos de la entrada sin chocarse con nadie. Aun así, no fueron pocas las miradas, en especial masculinas, que alzaban la vista para verla pasar. Era difícil no hacerlo, su altura por encima de la media y su pelo negro tan brillante que parecía morado, destacaba entre los negros y marrones opacos del resto de estudiantes.

"Me están observando, no son todos, pero tampoco son pocos, ¿qué estarán pensando de mí?", se interrogó a sí misma sin aminorar el paso.

Fuera de la impresión inicial, no hubo nadie que le hablase en el locker de zapatos, ni en los pasillos, y cuando tomó asiento en su pupitre, el mundo fluía a su alrededor sin que ella fuese el foco central. Esa sala también tenía unos ventanales de vértigo, la luz de la mañana reflejada en las paredes y techos, para dar cobijo a todos los alumnos que iban entrando, llevando sus mochilas bien sujetas de las correas, y hablando de temas banales o concursos de la tele. Komi-san no tenía ningún conocimiento de eso, eran cadenas locales y ella había llegado nueva, no parecía un buen momento para intentar hacer amigos.

Cuando sonó el timbre y todos se sentaron, llegó la primera profesora para hacer las presentaciones. Era una mujer de pelo corto y rostro energético, vestía una sudadera de deporte y se movía con agilidad.

— Buenos días a todos, soy la profesora Ogino, y seré vuestra tutora principal en este curso — dijo la maestra. — Para que todos nos conozcamos mejor, empecemos las presentaciones.

Ogino señaló a los estudiantes uno a uno, ellos se levantaban, decían su nombre y algún rasgo de su personalidad y se sentaban.

— Buenos días a todos, me llamo Nemoto Hina, es un placer conocerlos — dijo una chica con dos coletas y pelo café que le llegaba hasta el final del cuello. Fue todo lo que Komi pudo escuchar, porque el corazón le tronaba fatalmente en los oídos.

"Es solo una presentación. Me pongo de pie, digo mi nombre y nada más, es solo dar una buena impresión", luchaba ella por tranquilizarse. "Tiene que ser así, ya tengo una edad, no puedo hacer como en primaria y levantarme para escribir mi nombre en la pizarra, podrán pensar que soy una arrogante que ni siquiera les quiere dirigir la palabra".

Ogino la señaló, y Komi-san se puso en pie. Solo se puso en pie. Rígida como una estatua de mármol, como intentase decir una palabra iba a repetirla en bucle tartamudeando. La profesora la miró preocupada, y Komi-san, consciente de que estaba haciendo este momento incómodo, se dispuso a dar un paso hacia la pizarra.

— O, espera, perdón por eso — Ogino levantó una mano y Komi-san volvió a congelarse en el sitio. — ¿Debes ser Komi Shouko, cierto?

En cuanto Komi-san escuchó su nombre asintió.

— De acuerdo, discúlpame de nuevo, tu madre ya nos informó sobre tu situación, puedes sentarte si quieres — Komi-san lo hizo, su rostro aún era un monolito. — Chicos, ella es Shouko Komi, tiene problemas de comunicación, y eso no la hace menos ni diferente al resto. Es nueva en la ciudad, así que quiero que todos os llevéis bien con ella, ¿bien?

Toda la clase asintió, pero Komi-san no miró a ningún rostro en particular, su propia cabeza estaba en un trance. Había fallado presentándose y dependía de ayuda externa para hacer algo tan simple como decir su nombre. Si había una forma nefasta de empezar un curso, seguramente era esta.

Después de tres horas de asignaturas teóricas, por fin tocó el descanso. Komi-san se quedó en su pupitre y sacó el almuerzo, le pareció extraño que dejasen comer dentro, pero eran varios los que estaban haciendolo y tampoco tenía con quien pasar tiempo fuera.

"Tengo que hacer algo", pensó mientras comía. "La gente no va a acercarse a mí para suplicarme que sea su amiga, tengo que acercarme yo a ellos. Pero comunicarse es tan difícil, nadie va a querer hablar con una tartamuda aterradora".

Una chica pasó de largo a su lado, cara redonda, sonrisa casual y un distintivo moño en la cabeza que la hacía parecer una linda piña. Iba a entablar conversación con la chica unos pupitres tras ella, iba hacia Hina Nemoto.

— Buenos días — dijo la chica. — Bueno, tardes ya, ¿no? Jaja.

— Buenas tardes — respondió Nemo con una sonrisa.

— Eso, buenas tardes — retiró una silla a su espalda y ya en un tono más jovial se sentó frente a la chica de las dos coletas. — Mucho gusto, me llamo Okada Akane, como habrás visto — se señaló al moño que parecía una antena parabólica desplegada —, estoy en primera fila.

Nemo tragó su comida, y luego rio tapando su boca con la mano. — Jeje, un atributo distintivo, sin duda alguna.

— Sí, siento que mi cabello claro hace que resalte — Akane lo empujó con el índice. — Pero es que ha sido ver tus coletas y he dicho: "Wow, tengo que preguntar a esa chica cómo ha hecho para que le quede tan bien el peinado".

— Vaya, muchas gracias, amiga.

Komi-san cerró su bento y agudizó el oído. "¿Se ha hecho su amiga tan rápido? ¿Solo por hablar de lo bonito que es su pelo?".

— Pues sabes — continuó Nemo. — He pensado en teñirlo, colores vivos como morado o rosa.

— ¿Rosa? ¿En plan rosa palo? — Akane puso sus codos en el pupitre y se acercó. — Amiga, eso te quedaría maravilloso.

— Sí, ¿verdad? Ay, pero creo que no es el momento, aún hay que comprar material escolar y el tinte es caro — Nemo empezó a enrollar un mechón de pelo en un dedo oscilante.

— Ya, entiendo — Akane suspiró por ella. — Pero te quedaría bien.

— Sí.

— Bueno, venga, levanta esa cara. Deberíamos ir a un karaoke, para pasar el rato y conocernos mejor.

— Sí, ¿verdad? Podemos proponérselo a alguien más de la clase, con el curso recién iniciado, lo mejor es saber más de cada uno para entablar amistad.

Komi-san se levantó en ese preciso instante, todo su escritorio limpio y recogido, y salió por la puerta sin ser percibida más que por algunos ojos curiosos de su elegante forma de andar.

Solo habían pasado 10 minutos de descanso, y ella había caminado hacia la biblioteca con las manos en el pecho y el corazón tan acelerado que podría arrancar el motor de un coche de carreras.

"¿Y si me hubieran pedido ir a mí? No podría haber hecho nada. Yo no sirvo para un karaoke, siempre que vamos, mamá es la única que canta", pensó tomando asiento en la primera mesa solitaria que encontró. "No tendría que huir, ¿pero qué debo hacer? Ningún libro me ha preparado para esto".

Miró a su alrededor, en la biblioteca solo había dos personas más sin contar a la bibliotecaria tras la recepción. Eran un chico que miraba un manga y una chica de tercer año que preparaba apuntes de un temario difícil desde el primer día. El resto de la sala era enorme, seguramente un tatami o dos más amplia que el aula de clases, y las ventanas que estaban más arriba iluminaban todo con la cálida luz del mediodía.

Komi-san se dirigió a la sección de "material complementario y social", allí encontró un libro que le llamó la atención: "Comunicación y disciplina en 10 sencillos pasos", de Sayuri Nakamura.

Este podría servir, tenía uno parecido en su casa el año pasado, pero debió perderse en la mudanza.

Estuvo leyendo y aprendiendo, cabeza gacha y pelo recogido tras las orejas, tomando notas de detalles como: "trata de entender el humor de los demás con comentarios sencillos, como un chiste blanco".

Era un buen libro, pero faltaban siete minutos para que el descanso terminara, si se lo iba a llevar para terminar de leerlo en casa, debía hacerlo ahora. Lo tomó con dedos temblorosos y se acercó con paso firme hasta la chica tras el mueble de recepción, con su ordenador y libros recomendados.

Miró sobre el escritorio, había un cartel donde ponía "Bibliotecaria esta semana: Komiyama". Era una chica de estatura media, centrada en su tema mirando el teléfono, la pantalla reflejada en sus gafas parcialmente tapadas por su enorme flequillo de pico. Komi-san llamó su atención dejando el libro en la mesa.

Komiyama levantó la vista de su teléfono, encontró la imponente figura de Komi-san mirándola desde arriba con su rostro monolítico, cual si fuera un villano en un plano inclinado. La luz del mediodía le caía en una cascada que favorecía una sombra amenazante en su rostro.

Komiyama abrió la boca algo sorprendida: "¿Qué le pasa a esta? ¿Por qué me mira como si me amenazara de muerte con una llave?". Komi-san se dio cuenta de esto e intentó expresar alguna palabra, pero no le salía nada.

— ¿Vas a querer algo o no? — preguntó Komiyama, su rostro apretado y violento parecía fruto de malos recuerdos.

Komi gesticuló lo mejor que pudo con las manos, pero simplemente no había forma de entenderla, si hubiera estado pidiendo un café, le hubieran dado el pedido contrario al que quería. Komiyama forzó más la sonrisa mirando el libro y apretó el puño sobre la mesa, Komi-san empezó a asustarse, aunque su rostro no lo demostraba.

— ¿Y bien? — preguntó la bibliotecaria.

Komi-san tomó de nuevo el libro y lo dejó en su estante. Quería decir que solo le interesaba llevarse la lectura a casa, pero no pudo. Hay que saber tirar el puente de piedra antes de cruzarlo.

"¿Qué le pasa a esa zorra?", se preguntó Komiyama. "¿Es demasiado buena para dirigirme la palabra para extraer un jodido libro de autoayuda? Conozco a las moscas muertas como esa, que te miran desde arriba y chasquean la lengua mientras les hablas, miradas desviadas porque les aburres, no voy a tolerar eso otra vez, suficiente tuve en la escuela media".

Komi-san regresó a su casa por la tarde-noche tan sola como se fue. Abrió la puerta y caminó hasta la cocina, su madre preparando la comida que iban a cenar.

— ¿Qué tal tu primer día, hija? — preguntó con una sonrisa que parecía estancada en los 17 años. — ¿Hiciste algún amigo?

Komi-san no respondió, solo agachó la cabeza y negó. Su madre se preocupó un poco, y se acercó más a ella.

— ¿No se habrán burlado de ti por tu problema, verdad?

Komi-san negó, mirando a su madre a los ojos intentó forzar las palabras, quería decir que había intentado sacar un libro y solo había conseguido molestar a la bibliotecaria, pero no pudo.

— Shouko, querida — su madre le puso una mano en el hombro. — Te pudieron los nervios y no hablaste con nadie, ¿no es así?

Komi-san afirmó.

— Bueno, no pasa nada — su madre hizo un gesto de ánimo con un brazo. — Hija, nadie hace amigos su primer día de escuela, y no por eso debes rendirte. Yo a tu edad solo tenía cinco amigas, y porque éramos del mismo pueblo, que si no ni eso.

Komi-san alzó la cabeza, su madre con los brazos en la cintura y la sonrisa que no perdía nunca.

— Mañana te irá mejor, y si no te sale lo puedes intentar mañana, y si no pues al siguiente, y al siguiente después — su madre hizo varios remolinos en el aire matizando. — La única forma en la que no conseguirás amigos es no intentándolo, ¿entiendes?

A Komi-san le brillaron los ojos, qué consejo más sabio.

El resto del día, después de estudiar, se puso su pijama de gato de cuerpo completo, miró la televisión con su madre, poniéndose al día con los shows de la zona, compartió tiempo con su padre, estudiando la ciudad y algunos lugares de interés como centros comerciales y karaokes, y dejó preparada una libreta en su maletín, esta historia no se iba a terminar con un final agridulce.

— Mañana lo intentaré. Diré algo, aunque sea un buenos días — dijo Komi-san en su habitación, su voz una luz de esperanza en esa noche cerrada. .

Pues no.

FIN PA SIEMPRE.

***

Fuentes:

-- Contexto general: https://youtu.be/8zciAC6zgjI?si=Q6oWPyBNBPSWgYVK&t=209

-- https://www.fanfiction.net/anime/Komi-Can-t-Communicate/?&srt=1&r=103&p=2

-- Dibujos usados:

https://x.com/Dulcedelimon20/status/1522716131689181190/photo/1

https://x.com/_mimiyori/status/1774952400136110575?lang=es

https://x.com/Melissa92461338/status/1513280867862564870

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