Las mujeres en la vida de H P Lovecraft.
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Nota: este contenido está hecho con IA y si propósito es meramente recopilatorio. Interprete esta información con precaución.
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Familia.
Sarah Susan Phillips (madre): La relación con su madre fue profundamente compleja, sofocante y destructiva. Tras la muerte del padre de Lovecraft en un asilo psiquiátrico, Sarah volcó toda su inestabilidad emocional en su único hijo, desarrollando una sobreprotección patológica. Lo crió aislándolo del mundo exterior, controlando cada uno de sus movimientos y alternando entre una adoración desmedida y comentarios crueles, llegándole a decir que era "feo" y que no debía salir a la calle para que la gente no lo mirara. Esta intensa codependencia y el deterioro de la salud mental de Sarah culminaron en su propio internamiento en el mismo hospital psiquiátrico que su esposo, donde falleció en 1921. Su muerte dejó a un Lovecraft devastado, pero también libre por primera vez de un lazo materno que moldeó su crónica fragilidad nerviosa y su pánico hacia el entorno social.
Lillian Delora Phillips (tía): Tras el colapso y posterior muerte de su madre, sus tías maternas asumieron el rol de protectoras y guardianas de la estricta y decadente tradición aristocrática de los Phillips en Providence. Lillian Delora (la tía mayor) fue su apoyo más constante, compartiendo vivienda con él durante sus años más difíciles y encargándose de las tareas domésticas para que Howard pudiera concentrarse en escribir; su muerte en 1932 fue un golpe durísimo para el autor.
Annie Emeline Phillips (tía): (la menor) también estuvo presente en su crianza y madurez, compartiendo el orgullo familiar y ayudando a sostener económicamente el hogar cuando la fortuna familiar se evaporó. Ambas tías reforzaron la burbuja de aislamiento de Lovecraft, alentando su mentalidad de "caballero del siglo XVIII" y actuando como un refugio seguro (pero restrictivo) al que él siempre regresaba cuando el mundo real lo superaba.
Sonia Greene (esposa): Sonia Greene, una empresaria e intelectual judía ucraniana, fue la única mujer que logró sacar a Lovecraft de su caparazón y de la influencia de sus tías, convirtiéndose en su esposa en 1924. Sonia era una mujer moderna, independiente, divorciada y económicamente fuerte que inicialmente financió la vida de ambos en Nueva York, abriéndole las puertas a una vibrante escena literaria. Sin embargo, el matrimonio se desmoronó rápidamente cuando el negocio de sombreros de Sonia quebró y ella enfermó, obligándolos a separarse geográficamente por motivos laborales. Lovecraft, incapaz de adaptarse al ritmo caótico de Nueva York, abrumado por sus propios prejuicios hacia los inmigrantes de la ciudad y añorando la comodidad de Providence, se negó a mudarse con ella a otras ciudades. Finalmente, la presión de las tías de Lovecraft (quienes no aprobaban que una mujer comerciante y extranjera mantuviera a su sobrino) sentenció la relación, llevando a un divorcio amistoso pero definitivo en 1929.
Escritoras.
Dorothy C. Walter (1889–1953): Su relación con el escritor fue sumamente breve pero significativa dentro del círculo de testimonios sobre su vida. Esta historiadora y poeta de Vermont coincidió en edad con Lovecraft y mantuvo un único encuentro en persona con él a principios de 1934, durante una estancia invernal en Providence propiciada por un amigo común. Aunque la reunión duró apenas tres horas y no derivó en una correspondencia regular, Walter escribió años más tarde valiosos textos memorialísticos sobre el autor (como Lovecraft and Benefit Street en 1943 y Three Hours with H. P. Lovecraft en 1959), convirtiéndose en una de las primeras conocidas del escritor en publicar recuerdos sobre su entorno y su personalidad desde una perspectiva externa a su círculo íntimo.
Catherine Lucille Moore (1911-1987) creadora de Jirel de Joiry: Fue una de las corresponsales más brillantes y respetadas de la última etapa de Lovecraft, quien sentía una profunda admiración por su estilo literario y llegó a considerarla una de las figuras supremas de la revista Weird Tales. Iniciaron un nutrido intercambio epistolar a mediados de la década de 1930 —en el que Moore aportó decenas de miles de palabras debatiendo sobre literatura fantástica— y el propio Lovecraft actuó como nexo indirecto para que ella conociera al que se convertiría en su futuro esposo y compañero de colaboración, Henry Kuttner. El círculo del escritor valoraba tanto su talento para entremezclar la ciencia ficción con el horror emocional y sensual que a menudo se referían a ella afectuosamente como «Reina Catherine».
Elizabeth Berkeley / Winifred Virginia Jackson (1876–1959): Su vínculo comenzó a finales de la década de 1910 a través del periodismo amateur, un entorno donde Lovecraft elogió tempranamente su talento como poeta y editora asociada. La relación intelectual se estrechó hasta dar pie a dos relatos escritos en colaboración, The Crawling Chaos (1921) y The Green Meadow (1927), los cuales firmó bajo el pseudónimo de «Elizabeth Berkeley» basándose en sueños reales que ambos compartían en sus cartas. Aunque existen fuertes especulaciones biográficas y testimonios de la posterior esposa de Lovecraft, Sonia Greene, que apuntan a que Jackson y el escritor mantuvieron un romance personal antes de distanciarse definitivamente en 1921, su asociación es recordada principalmente por ser una de las pocas colaboraciones literarias directas en la juventud del autor.
Zealia Bishop (1897–1968): Mantuvo una relación estrictamente profesional y epistolar con Lovecraft, quien actuó como su revisor literario y escritor fantasma (ghostwriter) a finales de la década de 1920. Bishop, que prefería escribir narrativa romántica, contactó con él a través de un amigo común para mejorar sus habilidades en la ficción extraña, enviándole bocetos e ideas basadas en leyendas populares de Oklahoma que Lovecraft transformó por completo en tres relatos célebres de los Mitos de Cthulhu: The Curse of Yig, Medusa's Coil y The Mound. A pesar de que el autor reescribió las historias casi en su totalidad cobrando tarifas muy modestas por sus servicios de revisión, los cuentos se publicaron exclusivamente bajo el nombre de Bishop en Weird Tales, y ella guardó un extenso archivo de sus cartas que ayudó a documentar la generosidad de Lovecraft con sus clientes.
Hazel Heald (1896–1961): Al igual que en el caso anterior, su conexión con Lovecraft fue la de una clienta de revisión literaria que contrató sus servicios a partir de 1932 mediante correspondencia y, posiblemente, un único encuentro en persona. Heald firmó en solitario cinco relatos publicados en Weird Tales —incluyendo The Horror in the Museum, Winged Death y Out of the Aeons—, aunque el propio Lovecraft confesó en sus cartas privadas que su participación real en la redacción de estas obras oscilaba entre el 90% y el 95% del texto final. Aunque algunos colegas de la época sugirieron de forma anecdótica que Heald albergaba sentimientos románticos no correspondidos hacia el de Providence, su relación histórica se mantiene como uno de los ejemplos más fructíferos de la intensa labor de corrección y mecenazgo oculto que Lovecraft ejerció para subsistir económicamente.
Fin.
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